Ayer, 10 de agosto, se celebraba la fiesta de San Lorenzo, titular de una de las cofradías de más larga tradición en Aranda de Duero y que contaba antiguamente con una ermita propia. En lo que ahora es conocida como la plaza de la Ribera existió hasta hace poco más de medio siglo una ermita, conocida popularmente como la del Santo Cristo. En el plano de Aranda de 1503 aparece junto a ella el siguiente texto: «la calle que sale de la Pontecilla vuelve a Sant Llorente». El nombre de Llorente es una variante medieval del de Lorenzo. El origen de la ermita es incierto aunque algún autor se atreve a señalar que cuando se puebla esta zona a finales del siglo XIII se pudo construir aquí un edificio, usado como lugar de reunión de los vecinos, también con un carácter religioso así como otros usos comunales. De la observación del dibujo de la ermita en el plano de 1503 podemos concluir que podría ser de estilo románico ya que se aprecia un ábside semicircular así como una serie de columnillas adosadas al presbiterio.
El Ayuntamiento de Aranda ejercía el patronato sobre esta ermita, lo que confería a la Corporación municipal una preferencia a la hora de tomar decisiones frente a los estamentos eclesiásticos pero también conllevaba correr con los gastos de mantenimiento del edificio. No obstante el concejo desatendía constantemente sus obligaciones con la ermita tal como consta en muchos documentos históricos.
Así, a mediados del siglo XVI era tal el estado de abandono de la ermita que muchos vecinos aprovechaban la situación para almacenar allí su trigo. Para evitar esta práctica se aprobó en 1565 un decreto en el que se decía que incurriría en excomunión mayor quien profanara la ermita echando trigo. No nos debe de extrañar que a algunos vecinos se les ocurriese almacenar trigo en la ermita ya que el mismo edificio era utilizado para usos no religiosos por los que vivían junto al Duero.
Se reunían en la ermita en la época en que el municipio se organizó en cuatro cuadrillas de vecinos para elegir a los procuradores de la villa y a los compromisarios para la elección de diputados de rentas. La cuadrilla de Cascajar se reunía en San Francisco, la de San Juan en la parroquia del mismo nombre, la de la Dehesilla en la ermita de Santa Lucía y, tal como hemos señalado, la del Duero en la ermita de San Lorenzo. El nombre de Santo Cristo o de Santo Cristo de San Lorenzo puede venir por la fundación de una institución social impulsada por el entonces obispo de Osma, el célebre Virrey Palafox.
Juan de Palafox (1600-1659), beatificado hace dos años, tuvo una relación muy estrecha con esta ermita a la que honró en numerosas ocasiones con su visita, colaborando también en su arreglo. Este obispo fundó en la ermita la Escuela de Cristo, una iniciativa que también haría realidad en Roa y en Soria. El 4 de septiembre de 1658 el obispo Palafox aprobaba en Aranda las constituciones que regulaban su funcionamiento. En las mismas hacía constar lo siguiente: «El lugar y oratorio de la Escuela de Cristo es el templo de San Lorenzo de Aranda.
En la iglesia de San Lorenzo se ha fundado la congregación que llaman Humilde Escuela de Cristo nuestro Señor, a semejanza de la que hay en la villa de Madrid, habiendo asistido por nuestra misma persona a la práctica y ejercicios de la Escuela. Los hermanos de la Escuela de Cristo nuestro Señor tiene a su cargo auxiliar a los agonizantes y a los enfermos».
La ermita tenía tres altares: el del Santo Cristo, el de San Lorenzo y el de Nuestra Señora de la Paz. Actualmente siguen existiendo en Santa María sendas cofradías que celebran cultos a San Lorenzo y a la Virgen de la Paz en sus respectivas fiestas. Desde tiempo inmemorial el 10 de agosto, día de San Lorenzo, se celebraba en la ermita una misa con posterior procesión alrededor. En la ermita también se realizaban las reuniones de la cofradía de la Misericordia o de las Candelas, tal como consta en algún documento del siglo XVI.
El gran arqueólogo Rodrigo Amador de los Ríos (1849-1917) en la parte dedicada a Burgos en su magna obra España, sus monumentos y artes, su naturaleza e Historia (1888) se referirá a este recinto arandino con estas palabras: «la ermita del Cristo, donde un capitel corintio extraído de las ruinas de Clunia sirve de pila de agua bendita». Desde el punto de vista arqueológico lo que más le llama la atención al autor de esta obra es la existencia de este capitel romano. No obstante hay que señalar que en la ermita existían dos capiteles. Uno de ellos lo podemos ver en la actualidad haciendo las veces de pila de agua bendita en la entrada de la ermita de la Virgen de las Viñas, patrona de la capital ribereña, el otro sirve como base del altar de la actual capilla del Santo Cristo, ubicada en este mismo templo y donde los arandinos suelen hacer una parada para venerar a esta imagen. La ermita original, desgraciadamente, se fue deteriorando con los años.
En el periódico El Eco de Aranda en su publicación del 16 de marzo de 1931 se señala el estado de la ermita y el peligro que tiene de hundirse. En esta crónica se dice que «no hay peligro por los muros que son de sólida construcción pero sí lo hay, y grande, por el tejado que amenaza derrumbarse». El 30 de marzo de 1958 se termina por hundir la ermita del Santo Cristo provocando la muerte de la ermitaña y su hija, que vivían encima de la sacristía. Pese a que el edificio se podría haber reconstruido en ese mismo punto, al quedar gran parte de él en pie, se optó por derruirlo totalmente para dar lugar a una amplia plaza.
La talla del Santo Cristo permaneció durante muchos años en un almacén municipal anexo al Hospital de los Santos Reyes que se denominaba ‘La Parada’. Cuentan que en los años 70 vino a Aranda un estudiante irlandés que estaba realizando una tesis sobre el Virrey Palafox. Haciendo indagaciones tuvo conocimiento del Santo Cristo que había presidido la Escuela fundada por el beato Juan de Palafox y pudo observar el indigno lugar donde se conservaba.
El estudiante no dudó en hablar con el que entonces ocupaba el cargo de alcalde de Aranda, José Eugenio Romera, y hacerle ver la importancia de la histórica talla. Con prontitud se trasladó el Santo Cristo al propio ayuntamiento a la espera de realizar una posterior restauración. Ésta se realizó en enero de 1982 por alguien de tanto prestigio como Luis de Huéscar.
En un primer momento el Santo Cristo de San Lorenzo se colocó en el lado del Evangelio del presbiterio de la ermita de la Virgen de las Viñas. El 7 de febrero de 1988, la Cofradía de la Virgen de las Viñas sometió a votación y aprobó el proyecto realizado por Juan Gabriel Abad Zapatero, quien había fallecido tres años antes, para crear una capilla propia en la planta baja del torreón Este de la ermita de la patrona de la capital ribereña. Ya a mediados de los años 70 el Ayuntamiento había colocado, dando acceso a la explanada de la Virgen de las Viñas desde la carretera, la artística reja que procedía de la ermita del Santo Cristo. De esta forma, ambas piezas se conservan en la actualidad.