La colección que el Ayuntamiento posee de la obra del ceramista, escultor, pintor y orfebre Simón Calvo Gutiérrez (1898-1967) es desde ayer un poco más grande. A las 170 piezas que posee el Consistorio -y que en su mayoría se muestran en el Monasterio de San Juan;en la sala a la derecha, nada más entrar- se acaban de incorporar otras 18 obras donadas por el matrimonio formado por Antonio L. Bouza y Carmen de los Bueis.
Las piezas permitirán profundizar en un gran y polifacético artista que sigue siendo un desconocido para la mayoría de los burgaleses. Con el mismo apellido que Saturnino ‘Maese’ Calvo, pero sin ningún lazo familiar entre ambos, el artista burgalés destacó sobre todo en la rama de la cerámica sin menospreciar por ello su talento como dibujante, acuarelista y experto en el uso de los esmaltes sobre cobre o los repujados y cincelados en metal.
Las obras que en su día adquirieron Bouza y De los Bueis y que la pareja ha decidido donar al Ayuntamiento resumen el nivel artístico de quien empezó a modelar a los 10 años, fue el alumno más premiado de la historia de la Academia del Consulado, mostró su obra en América y en la Exposición Nacional del Círculo de Bellas Artes de Madrid, ejerció como profesor de Cerámica Artística en la Escuela Elemental del Trabajo de Burgos y declinó numerosas oportunidades por permanecer en su tierra. «Son piezas que Simón Calvo no quiso vender para que no salieran de Burgos», comenta Antonio L. Bouza, gran conocedor de su obra, a la que ha dedicado algunos de sus escritos.
La nueva colección que permanecerá junto al resto en el Monasterio de San Juan (repartidas por el mueble de la antigua botica) añade tres dibujos, una foto y catorce piezas de cerámica. Entre las obras que ya están depositadas en ese escenario destacan varios bustos y relieves, incluido un autorretrato;una ánfora hispano árabe; varias tanagras; vasos de estilos griegos de varias épocas, primitivos, egipcios o galos; platos como el que recoge en cerámica esmaltada una escena del libro miniado La Cofradía de los Caballeros, o una cerámica que él denominaba ‘a punto de tapiz’ por su similitud con esa técnica. Esta es una de las piezas que para Bouza más interés tiene, por tratarse de una obra de alfarería que fue muy apreciada por el artista.
Hay también vasijas, jarras, lucernas, mancerinas y benditeras, así como un Cristo de estilo románico elaborado con esmalte de dientes, con la pasta que utilizan los dentistas.