«La escritura fue mi salvación tras el ictus»

GADEA G. UBIERNA / Burgos
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Gregorio Martínez busca editores para cuatro libros escritos tras el accidente cerebrovascular que lo inmovilizó durante meses y del que se recuperó aferrándose a su afición. Ahora está inmerso en otro

Gregorio Martínez ha escrito cinco libros tras el ictus y se ha autoeditado uno; para el resto busca editores. - Foto: Luis López Araico

Gregorio Martínez Abajo estaba montando un ordenador con sus hijos, el 8 de abril de 2015, cuando, «de repente, noté que me cruzaba como un relámpago en la cabeza; sentí un chispazo en la sien y oí a mi hija decir que iba a llamar a Urgencias porque no se me entendía al hablar». Esa 'tormenta eléctrica' que Martínez sentía era un ictus, un accidente cerebrovascular que lo dejó inmovilizado «por completo» con 73 años. «El siguiente recuerdo que tengo es en la UCI, con mi familia y un médico al que yo oía, pero al que no veía, porque si abría los ojos todo era oscuridad», recuerda hoy Martínez, quien, en contra de lo que pensaba en el momento -«me dejó hundido»-, solo tiene secuelas físicas. «No he recuperado el lado izquierdo, que lo tengo paralizado y me da una rabia... Pero ahora me doy cuenta de que mucho peor sería haber perdido la cabeza», dice, sin ocultar que no siempre pensó igual. La rehabilitación fue un proceso amargo, con horas muy bajas. Pero encontró «un acicate» y se aferró a él: la escritura. «Fue mi salvación».

No es que Martínez empezara a escribir después del ictus, le gustaba desde niño. De hecho, este hombre dedicado a la informática había publicado antes del ictus dos novelas y también un cuento. Tras el accidente cerebrovascular, sin embargo, el hecho de poder sentarse delante del ordenador y juntar letras con sentido para ordenarlas después con coherencia en frases cada vez más complejas fue la base de su rehabilitación. Así lo explica la neuropsicóloga de la Asociación de Daño Cerebral Adquirido de Burgos (Adacebur) que lo ha acompañado en el proceso, Inma García: «Siempre usamos la lectura como herramienta para la rehabilitación de todas las áreas cognitivas y, de hecho, en Adacebur, tenemos dos clubes de lectura que funcionan fenomenal». Pero, en el caso de Martínez, los libros eran más que un instrumento. «En cuanto Gregorio recuperó un poco de memoria y lenguaje empezó a leer y enseguida a escribir. Al principio no tenía sentido, pero luego... Era muy motivante para él», dice la neuropsicóloga, quien no solo ejerce de terapeuta, sino que también suele ser la primera en leer la producción de Martínez. Y es prolija: tras el ictus ha terminado cinco libros -cuatro pendientes de publicación por alguna editorial- y está inmerso en el sexto.

Me da rabia tener paralizado el lado izquierdo, pero ahora me doy cuenta de que sería peor haber perdido la cabeza"

El periplo rehabilitador de Martínez comenzó en una residencia de ancianos, donde podían atender a una persona inmovilizada por completo y, a la vez, en Adacebur. «Cuántas veces le dije entonces a Inma que ojalá me hubiera dado más fuerte; me veía incapaz de todo, dice Martínez, quien liberó esa mezcla de angustia y frustración en Biblia para creyentes desengañados. «Psicológicamente estaba muy mal, así que empecé a dar vueltas a las cosas y yo, que era una persona muy religiosa, peregrino y presidente de la Asociación de Amigos del Camino, me declaré agnóstico total», afirma, matizando que este libro, el primero tras el episodio y autoeditado, ya tiene segunda parte: Ni divina ni comedia. «Pensé que igual a Dante le dio un ictus y cuando salió pensó en ese infierno que describe ahí...».

Para esta obra, igual que para las otras tres que ya ha terminado (uno de relatos para adultos, Macedonia de historias; otro de cuentos para niños, Vamos a contar un cuento; y otra novela corta acerca del abordaje de la epilepsia en la Edad Media, Sirga a Santiago) está buscando editoriales, con ayuda de una de sus cuatro hijos. «Mi familia me ayuda mucho y mis nietos también me corrigen cosas», aclara.

Pero lejos de descansar, ya está inmerso en otro libro, que ha titulado Retratos irreverentes y descabalados. «No soy de títulos fáciles, no», bromea, mientras explica que suele dar forma al argumento entre semana, mientras participa en las actividades habituales que le planifican en el centro de día al que acude, y las desarrolla el fin de semana. «Cuando te da un ictus, destrozas a la familia, pero siguen contigo. La vida social, en cambio, la pierdes, los amigos llevan otra vida. A mí me duran los del Camino, porque estábamos muy unidos», dice, para explicar por qué pasa sábados y domingos delante del ordenador o con un libro entre las manos. «Cien años de soledad es, para mí, El Quijote del siglo XX. Y me encantan los clásicos», dice, antes de apuntar que ahora está con las Obras completas de Sherlock Holmes. «Ahora estoy satisfecho y agradecido a todas las personas de Adacebur y del centro de día, son todas majísimas», concluye.