Muchas cosas han cambiado en el día a día de la sociedad en estos primeros 25 años de siglo. Los hábitos, los estilos de vida, las redes sociales... incluso, la forma de relacionarse de hoy poco tiene que ver con la de antes. El mundo va a toda prisa, a veces atropellado, y esos cambios sociales se reflejan también en la política.
Históricamente, Burgos ha sido considerado como un territorio conservador. Sin embargo, la evolución mostrada con las sucesivas citas electorales refleja que el sentir del ciudadano se adapta a las circunstancias. Como hace la política a su manera.
Hay que retroceder casi 50 años para entender la magnitud del cambio. En 1979 se celebraron las primeras elecciones de la democracia y entonces los cinco partidos con representación en el Ayuntamiento de Burgos pactaron y aprobaron las cuestiones fundamentales. Hoy el contexto político en España y en el mundo es diferente y la polarización marca el ritmo en una deriva que amenaza toda estabilidad.
Centrados en estos primeros 25 años de centuria en clave local, el Salón de Plenos ha visto casi de todo. Desde los tiempos del rodillo del PP hasta el fin de las mayorías con la entrada de nuevos actores. Mandatos con carta blanca, gestiones en minoría, desmarques históricos, pactos surgidos mediado el mandato y gobiernos de coalición rotos sin haberse consolidado. Todo eso, en seis mandatos y medio.
El siglo XXI ya comenzó de manera convulsa con Ángel Olivares en Alcaldía, cuando el PSOE demostró que podía hacerse con el poder en Burgos. En aquella aventura se alió con IU y con Tierra Comunera, aunque los nacionalistas castellanos salieron de la ecuación y aquello dio paso a una política de bloqueo.
Con la convocatoria de 2003, el PP recuperó el control del Ayuntamiento y lo hizo reforzado por las amplias mayorías disfrutadas durante tres mandatos. Juan Carlos Aparicio protagonizó los dos primeros, ocho años en los que los tiempos de vino y rosas enlazaron con la grave crisis económica.
Sin embargo, no siempre el contexto socioeconómico tiene un impacto directo en política. «La tendencia es que Burgos suele llegar un pelín más tarde. Nos acordamos de las grandes manifestaciones de 2011, pero aquello tardó más en verse reflejado aquí», explica Javier Antón, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Burgos.
Cuando Javier Lacalle tomó el relevo de Aparicio disfrutó de un mayor margen sobre sus rivales gracias al auge protagonizado en el momento por UPyD. El dominio popular parecía asentado, pero entonces irrumpieron otros partidos jóvenes y nuevas plataformas de izquierdas. «Las elecciones de 2015 fueron un punto de ruptura porque ya no hay mayorías», subraya.
Un bipartidismo que, en Burgos, siempre dejó espacio para dar voz a otras sensibilidades y filosofías. «Siempre ha habido más de dos partidos representados y ha llegado a haber cinco», destaca Antón, quien asegura que el ciudadano burgalés «está abierto a votar a las alternativas y eso que no es fácil por el umbral de voto».«Esa es la gran dificultad de los partidos pequeños, la necesidad de llegar al 5%», analiza.
Esa fragmentación provocó que el PP perdiera 30.000 votos en todo el territorio burgalés, mientras que en la capital el partido más votado sumó solo seis concejales más que la fuerza con menor representación. Imagina (6) y Ciudadanos (4) representaron el inicio de una nueva etapa. Lacalle logró la alcaldía en segunda votación y gobernó en minoría después de que Daniel de la Rosa (PSOE) se quedara a un voto de ser investido.
Aquella evolución surgida de los cambios sociales no trajo consigo la estabilidad. Dos concejales electos renunciaron, otros cuatro terminaron el mandato como no adscritos e Imagina acabó sumida en unas peleas internas que dieron paso a tres candidaturas distintas.
La experiencia había sido intensa. Aún quedaba por ver el alcance del salto definitivo de Vox en 2019 y cómo gestionaría la izquierda la crisis de Imagina, que dejó su hueco a Podemos cuando entre las dos formaciones sumaron más de 10.000 votos.
El guion esperado solo necesitó un día para saltar por los aires en un momento en el que apareció otro factor clave en la era moderna: la disciplina de partido que marca la política municipal. «A veces los pactos dependen de las consignas. Se ve ahora en las rupturas de Vox en toda España», apunta Antón.
Consignas desde Madrid. En aquel momento Vox, PP y Cs habían llegado a un entendimiento para hacer alcalde a Vicente Marañón (Cs) a pesar de que su representación se limitaba a cinco concejales. Pero el día de la toma de posesión, los ediles de Vox Ángel Martín y Fernando Martínez Acitores se saltaron esa disciplina de partido y De la Rosa comenzó su mandato en minoría. Después lo reforzó en pandemia con la coalición sellada, precisamente, con Marañón.
La desaparición de C s y Podemos fue una de las principales conclusiones de los resultados de las elecciones de 2023. El PSOE volvió a ganar y sumó 12 concejales, su mejor balance, pero esta vez sí se consumó el pacto entre el PP y Vox para que Cristina Ayala tomara posesión como la primera alcaldesa de la historia. Un gobierno que nunca ofreció un entendimiento completo hasta que la crisis generada por el apoyo económico a las oenegés rompiera este acuerdo y dejara al PP en minoría.
«El espacio de izquierdas siempre estuvo fragmentado, pero en la derecha -salvo casos como SI- es ahora cuando se ve más. Eso da ventaja al PSOE», explica Antón, quien a la vez destaca el crecimiento «de lo que llaman la nueva derecha radical populista». «Antes la tendencia era el crecimiento de las formaciones de corte liberal», recuerda.
Todo ello dificulta la posibilidad de llegar a acuerdos. «Ahora es más complejo porque todo se ha polarizado, aunque en la política municipal puede que sea más sencillo», aclara. Y eso que en la capital aún no han entrado con fuerza las formaciones de carácter local, provincial o independientes. Tierra Comunera fue la excepción, mientras que PorBur, Vía Burgalesa o Decide Burgos no tuvieron (o no han tenido aún) el impacto que sí ha protagonizado Sentir Aranda en la capital de la Ribera. Mientras, en Miranda el PSOE mantiene su posición privilegiada.
Mientras, la Diputación sí ha disfrutado de estabilidad. Tradicionalmente, el PP ha llevado la iniciativa en la provincia y ha gobernado de forma ininterrumpida en esta administración. Incluso en el mandato de 2019, cuando el PSOE fue la fuerza más votada, pero cedió ante el pacto popular con Ciudadanos.