Los promotores de viviendas piden nuevo suelo urbanizable

D. ALMENDRES / Burgos
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Las grandes sectores del Plan del 99 se agotan sin alternativas a corto plazo. El ritmo de la construcción tras la pandemia provoca que el S-3 y el S-4 comiencen a colmatarse

El S-3 y S-4 (entre el G-3 y Villímar) han cambiado completamente la zona noreste de Burgos en las dos últimas décadas.

Los ritmos de la construcción se aceleran en los últimos años después del gran barbecho provocado por la crisis del ladrillo y la demanda inmobiliaria desborda en este momento la oferta disponible a corto plazo. Las nuevas promociones se venden sobre plano, pero las iniciativas en marcha son contadas por diversos condicionantes.

Uno de los factores más importantes a tener en cuenta es que las grandes bolsas de suelo incluidas en el Plan General de Ordenación Urbana de 1999 para construir 12.000 nuevos pisos ya ofrecen los primeros síntomas de agotamiento. Del mismo modo, otros terrenos urbanizables que debían ser importantes ni siquiera han iniciado los trámites administrativos pasados tantos años.

Cuatro sectores destacaron sobre los demás en aquel planeamiento y con el paso del tiempo se han desarrollado sin haber encontrado relevos de gran capacidad. Aunque la urbanización de la Cellophane y de otras zonas como Coprasa, Molinillo o la Flex absorbió una parte importante de la actividad en los primeros años del siglo, el S-7 y el S-8 al oeste de la ciudad y el S-3 y el S-4 al este protagonizaron la expansión iniciada en los 90 por el G-3.

El S-3 y S-4 (entre el G-3 y Villímar) han cambiado completamente la zona noreste de Burgos en las dos últimas décadas.El S-3 y S-4 (entre el G-3 y Villímar) han cambiado completamente la zona noreste de Burgos en las dos últimas décadas. - Foto: Miguel Ángel Valdivielso

Promotores e inmobiliarias dejan ver sus enseñas en los terrenos reservados para levantar sus próximos proyectos en el entorno frente a la nueva estación. Sin embargo, la proyección de futuro es compleja porque el S-3 y el S-4 «están al 90%», según explica Gonzalo López Recio.

El presidente  de la Asociación de Promotores Inmobiliarios hace extensible esta situación al V1 -Villímar-, aunque disfrute de un mayor margen de maniobra. «Incluso el V2, que está lejos, también avanza a buen ritmo», aclara.

El diagnóstico del sector es claro y directo. «Llevamos cuatro o cinco años con una edificación potente», subraya, un factor que ha acelerado la necesidad de buscar otras opciones. «No se ha previsto suelo nuevo y eso hace que se reduzcan drásticamente las posibilidades», añade.

Las parcelas que aún están disponibles no tienen el atractivo de las ya desarrolladas por cuestiones técnicas, por los importantes gastos de urbanización que conllevan o por otros condicionantes. «El suelo cada vez es más caro, los materiales han subido un 30% y quedan solares con muchos propietarios difíciles de sacar adelante. Sin embargo, estamos en un momento en el que se vende sobre plano», insiste el representante del sector.

Las principales referencias en la expansión urbanística de los últimos años comienzan a dar síntomas de agotamiento y las alternativas no acaban de desarrollarse. Es el caso del S-27, sector conocido como la Ciudad del AVE y con capacidad para levantar 2.100 viviendas en la treintena de torres planeadas por los suizos Herzog y De Meuron junto a la estación Rosa Manzano. Los propietarios privados pretenden dinamizar ese suelo, pero el Ayuntamiento -que tiene la clave de esta cuestión- opta por activar otras zonas. El coste de la urbanización, estimado en 40 millones de euros, juega un papel decisivo.

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