No podría haber tenido la candidatura de Burgos a capital europea de la cultura en 2031 mejores hombros ni más gigantes en los que apoyarse para lograr su objetivo. La pericia y las relaciones de amistad del embajador burgalés Carlos Briones, astrobiólogo del CSIC, que le habló al sabio de la belleza infinita de la capital convencieron al premio Nobel de Fisiología o Medicina 2009, investigador y profesor de la Universidad de Chicago (Estados Unidos) Jack W. Szostak, para venir, conocernos y hacerse lenguas de lo que aquí tenemos. Así, percibió el interés que despierta la ciencia en un Fórum lleno hasta la bandera que le escuchó hablar del origen de la vida -campo en el que es una eminencia-, después de conocer las avanzadas instalaciones del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana (Cenieh) y lo que allí se sustancia, maravillarse del centro de la ciudad, que recorrió para tener un encuentro en el Palacio de Castilfalé con la alcaldesa, Cristina Ayala, y terminar en los Yacimientos de Atapuerca. Como todas las mentes privilegiadas, como la gente inteligente, Szostak resultó, además, ser un tipo sencillo, simpático, agradable y con un gran sentido del humor.
¿Cómo de cerca se está de encontrar la respuesta definitiva al origen de la vida?
Probablemente no haya nunca una respuesta definitiva que nos haga saber exactamente qué es lo que ocurrió porque sucedió hace cuatro mil millones de años y la evidencia directa ya ha desaparecido. Así que lo que estamos intentando es reconstruir una especie de senda, una vía, paso a paso, para comprender cómo los planetas se fueron formando, cómo era el entorno y el medio ambiente en ese planeta primigenio, entender la geología y si la entendemos, entender también la química y ver cómo las sustancias se iban formando y ver cómo comenzaron a actuar como una célula que fue creciendo. Una vez que llegamos a ese estado comenzó la evolución, la biología, que es adaptativa y se complejiza y lo siguiente es que... ¡aquí estamos!
Atapuerca, cuyos yacimientos visitó ayer, es un espacio fundamental para entender la evolución humana. ¿Qué papel cree que juega la evolución en el origen y la trayectoria posterior de la vida?
Los seres humanos somos el producto de la evolución y esa es una de las razones por las que queremos saber qué ocurrió al principio.
Jack W. Szostak, Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2009 e investigador de la Universidad de Chicago. - Foto: Patricia¿Tiene sentido preguntarse si, de la misma manera que en los yacimientos se trabaja con fósiles del género Homo podrían existir fósiles del origen de la vida?
¡Ya nos gustaría tener fósiles de aquella edad! Los más antiguos con los que contamos son de unos 3.500 millones de años y por entonces la vida ya estaba establecida y complejizada.
Usted lleva años trabajando en este campo ¿En qué momento diría que está ahora? ¿Es optimista?
Soy muy optimista. En los últimos diez o quince años ha habido unos avances enormes y ahora comprendemos mucho más esa química primigenia y entendemos cómo ciertas moléculas se pueden ensamblar y crear células primitivas, las que llamamos protocélulas, y en mi laboratorio estamos intentando, precisamente, reconstruir o construir estas protocélulas y aunque nunca sabremos si serán exactamente igual que aquellas de hace cuatro mil millones de años podemos decir que los modelos que seguimos pueden ser razonables en cuanto a su reconstrucción.
Es importante entender la vida como un fenómeno natural y no mágico para darnos cuenta de que los humanos somos parte de esa naturaleza»
Su labor y la de su equipo consiste, básicamente, en recrear vida en el laboratorio. ¿Existe la tentación de sentirse una especie de 'dios'?
No, no (risas...) Lo que sí puedo decir es que los detalles del trabajo son procedimientos químicos, que estamos muy ilusionados y que estamos aprendiendo mucho en el proceso.
Cuando hablamos de vida, ¿le sirve la definición que proponen su amigo Carlos Briones y el filósofo Valerio Rocco, en el sentido de que es «una red de interacciones e interdependencias que se establece entre sistemas químicos complejos capaces de autorreproducirse y evolucionar»?
Es una buena definición. Siempre ha sido difícil explicar qué es la vida aunque se han hecho mucho esfuerzos en este sentido. Digamos que con cualquier definición vas a encontrar excepciones y para evitarlas se debería dar una muy general que tampoco serviría de mucho: habría que llegar a una solución de compromiso. Si me preguntas a mí no es necesario definir la vida. A nosotros lo que nos interesa es el sendero de los planetas, la química, la biología y la evolución. ¿Por qué definir la vida cuando lo que interesa es el recorrido, esa continuidad?
Imagine que viaja a la primera época de la Tierra, hace unos cuatro mil millones de años. ¿Qué necesitaría observar para confirmar las hipótesis con las que trabaja sobre cómo surgió la vida o para descartarlas? ¿Qué aspecto cree que tendría ese entorno primitivo?
Creo que esa superficie sería probablemente volcánica o tendría el aspecto de haber sufrido un gran impacto y para comprender de verdad el origen de la vida, la química y la biología, tendríamos que obtener muestras y traerlas a nuestro tiempo para ver qué había, usaríamos microscopios especiales para ver qué estaba sucediendo. Y si volviésemos allí tendría que ser con traje de astronauta y respiración artificial porque, de lo contrario, moriríamos inmediatamente.
Creo que la tierra primitiva tendría un aspecto volcánico y si viajáramos allí tendría que ser con traje de astronauta y respiración artificial, de lo contrario, moriríamos de inmediato»
En su trabajo habla mucho de las protocélulas existentes antes de las células que conocemos y como primeras impulsoras de la vida y, de hecho, las ha recreado. ¿Cómo explicamos el aspecto que tienen?
Daré alguna pista: al igual que las células actuales, tendrían una membrana pero mucho más simple, serían como pompas de jabón. Y como para entrar en una evolución darwiniana es necesario heredar información, la parte que es más difícil y donde está el quid de la cuestión, se necesita ARN porque pensamos que todo esto comenzó con ARN, por eso nos hemos centrado mucho en cómo crearlo.
¿Sabemos por qué la vida surgió en la Tierra? ¿Cuánto tardaremos en encontrarla en otros planetas o satélites y cómo cree que podría ser?
Podría haber exovida en el satélite Europa, en Marte, quizás también en Titán... no lo sabemos, pero si hay vida en otros lugares seguramente estará relacionada con la que tenemos aquí porque, en realidad, hay mucho intercambio dentro del sistema solar. Lo que realmente querríamos tener son signos de vida en planetas que orbiten en torno a otra estrella y eso sería independiente de nuestro sistema solar. Si esto se confirmase sabríamos que la vida sería más sencilla, pero hasta ahora solo tenemos un pequeño ejemplo único y no sabemos si la vida en la Tierra es algo único o es un ejemplo de tantos.
¿Cuánto le debemos aún a Darwin y a su intuición de que la vida se originó en pequeños charcos de materia orgánica cuyos ingredientes podían concentrarse y reaccionar con las temperaturas adecuadas?
Esto, en realidad, es un pequeño párrafo de un texto mucho más largo (risas...), pero digamos que considerando el estado de la ciencia y el conocimiento en aquel momento histórico es casi milagroso que llegara a afirmar algo así.
En nuestro laboratorio creamos células primitivas. No sabemos si serán igual que las de hace 4.000 millones de años pero creo que los modelos de reconstrucción que seguimos son razonables»
¿Qué opinión le merece el proyecto de Carlos Briones para integrar en el Paseo del Espoloncillo una línea del tiempo evolutivo que recorra desde el origen de la Tierra hasta la aparición de nuestra especie? ¿Le gustaría caminar por allí si esta idea llega a hacerse realidad?
¡Ya hemos estado paseando por allí! Me parece una idea fantástica y que conecta muy bien con lo que tenéis en el Museo de la Evolución. Poder caminar por allí sería algo fenomenal, sin duda.
Hay quien sostiene que la ciencia nunca podrá explicar del todo el origen de la vida, justo lo que usted estudia, y que existe algo denominado 'diseño inteligente' de unos seres superiores, algo que parece una propuesta algo sofisticada del creacionismo. ¿Qué les contesta?
Para mí esa perspectiva no es la mejor. No tenemos que entender todo con todo detalle, lo que querríamos es tener una explicación razonable de los pasos que se han ido dando, a mí eso ya me podría satisfacer porque, de momento, no lo tenemos, pero culturalmente sí sería importante porque si entendemos la vida como un fenómeno natural, no como algo que ha sido creado, así, mágicamente, nos daremos cuenta de que formamos parte de la naturaleza y no necesitamos ningún tipo de explicación más profunda.
En Europa, en España se ven con preocupación las medidas que el nuevo presidente de su país está tomando con respecto a la cultura, al conocimiento o a la educación. ¿Cómo cree que va a ser el desarrollo profesional de científicos como usted y sus equipos con Donald Trump gobernando?
Si esto sigue así, el foco de la ciencia se trasladará a otros lugares como China, India, Europa... y eso es una pérdida terrible
Si hay vida en otros planetas seguramente estará vinculada con la que tenemos aquí»
Hace tiempo ya que no trabaja en los telómeros (secuencias de ADN en los extremos de los cromosomas que protegen la información genética) y la enzima telomerasa, implicados en posibles soluciones al cáncer y el envejecimiento, que fue el tema por el que recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 2009 junto con sus colegas Elizabeth Blackburn y Carol Greider. ¿Qué le impulsó a cambiar?
Cuando recibimos el premio este campo de estudio se empezó a llenar de gente interesada en el mismo y me pareció que quizás ya era suficiente con lo que habíamos hecho, abrir las puertas a un nuevo espacio investigador, y que lo que me interesaba en ese momento era algo menos de moda, pero que yo siempre he considerado científicamente muy relevante.