Las incógnitas en torno al asesinato de John Fitzgerald Kennedy siguen sin ser despejadas más de sesenta años después de un magnicidio con conmocionó al mundo: el presidente número 35 de los Estados Unidos fue tiroteado en Dallas cuando viajaba en un Ford Lincoln Continental acompañado de su esposa, Jacqueline, y un hombre -Lee Harvey Oswald- fue detenido como autor de los hechos. En adelante, en torno a este episodio todo fueron investigaciones (la famosa 'Comisión Warren'), conjeturas y teorías conspirativas que han llegado hasta nuestros días, al punto de que la reciente desclasificación por orden de Donald Trump de cientos de archivos gubernamentales alusivos al homicidio de JFK no han hecho sino arrojar aún más confusión. Y no sorprende: son muchos los misterios que rodean la biografía de uno de los presidentes más carismáticos del país de las barras y las estrellas. Uno de los primeros está relacionado con España, y más concretamente con uno de los momentos más terribles de su historia: la Guerra Civil.
El libro La cara oculta de los últimos días de la Guerra Civil (Plaza y Janés), publicado en 2009 por el periodista José María Zavala, revelaba que John Fitzgerald Kennedy y su hermano mayor, Joseph Patrick, habían viajado a España en más de una ocasión durante aquellos años de fuego. Y que lo habían hecho a instancias de su padre, el patriarca del clan Kennedy, también llamado Joseph Patrick, a la sazón embajador en Londres y simpatizante del bando rebelde. «El jefe del clan de los Kennedy supo adelantarse a su tiempo y prever el peligro que la guerra de España suponía para la paz mundial (...) Joseph Patrick Kennedy quiso disponer entonces de datos fidedignos sobre lo que realmente sucedía en España, empezando por los ideales que defendía cada bando, y las repercusiones que podía tener para Estados Unidos que uno u otro ganase la guerra», recoge Zavala.
No existe constancia documental, pero el investigador siempre ha sostenido la teoría de que los hermanos Kennedy visitaran Burgos, cuartel general del futuro dictador, para desarrollar labores de espionaje, para informar al padre de cuanto se cocía por aquí. Y no es un asunto descabellado: Burgos fue muchas cosas, también un nido de espías. En el tablero español había demasiadas cosas en juego, más aún para un mundo sobre el que emergían dos bloques que habrían de dividirlo durante décadas. Si la tesis es acertada, JFK tuvo que coincidir en la Cabeza de Castilla con tres de los agentes secretos más trascendentales de su tiempo: Kim Philby, Juan Pujol y Araceli González.
El primero, británico educado en Cambridge, es considerado el agente doble más influyente del siglo XX. Con la tapadera de periodista del rotativo The Times, recaló en Burgos en plena Guerra Civil para contar las hazañas bélicas de los sublevados cuando realmente se encontraba en la capital castellana para informar a los soviéticos (que apoyaban al bando republicano) de todos los planes de guerra que se adoptaban desde el despacho de Franco en el Palacio de la Isla. A las órdenes de Stalin, tenía otra misión que, de haberse ejecutado, habría modificado el rumbo de los acontecimientos: asesinar al ya autodenominado 'Caudillo'. Así consta en los archivos que hace años desclasificó el servicio de inteligencia británico. Tuvo varias ocasiones para hacerlo, siendo la más propicia cuando Franco lo condecoró en el Palacio de la Isla.
(El reportaje completo, en la edición impresa de este lunes de Diario de Burgos o aquí)