La localidad de Zangandez, pedanía de Oña ubicada en pleno corazón de los Montes Obarenes, confía en atraer a nuevos vecinos y conseguir asentar población gracias a la construcción del primer bar y un centro social que contará con espacio para teletrabajar. El deteriorado edificio de las antiguas escuelas quedó inutilizado como consecuencia de las humedades y grietas y desde hace años se mantiene clausurado aunque el alcalde, Alfonso Martín, confía en disponer de varios espacios multiusos que permitan satisfacer las demandas de la población, tanto residente como estacional.
Los doce vecinos censados -la cifra se multiplica los fines de semana y vacaciones- consideran necesario un local que responda a las demandas, mayoritariamente de los más jóvenes y de las personas jubiladas, y contar de un lugar en el que reunirse sobre todo los meses de invierno. Asimismo, ha surgido cierto interés entre algunos residentes por disponer de un área de teletrabajo que ofrezca una buena conexión a internet, hasta ahora inexistente. «La fibra óptica llegará próximamente, los postes de madera los han sustituido por otros más modernos», comenta el presidente de la junta vecinal. Tanto él como el resto de vecinos habituales comprobaron como durante la pandemia fueron muchos los que se establecieron en el pueblo con posibilidad de trabajar a distancia, pero como la conexión no era buena se trasladaban a otros cercanos. Por suerte, «esa situación cambiará en poco tiempo», añade.
Por otro lado, las dimensiones del inmueble -de 150 metros cuadrados construido en una sola planta- permiten acondicionar otra estancia como bar, y por lo tanto, generar un puesto de trabajo. Martín recuerda que el presupuesto local es «bajo y el pueblo no puede pagar a una persona para que lleve el negocio» pero aspira a poder «licitar la gestión». Zangandez no ofrece ningún espacio que cumpla función de un establecimiento hostelero a pesar de que en vacaciones y época estival el número de vecinos incrementa desproporcionadamente, por lo que la idea es bienvenida.
Rehabilitar y amueblar el edificio supondrá un coste total de 87.546 euros
La cercana ubicación a la Central Nuclear de Santa María de Garoña permite que el proyecto de 87.546 euros, asumido por el Ayuntamiento de Oña, forme parte del listado de candidatos a recibir una ayuda económica de Enresa, compañía que financia las actividades del Plan General de Residuos Radiactivos, para poder ejecutarlo, y la localidad asumirá la mitad del gasto. A falta de resolver la convocatoria, el alcalde manifiesta que las actuaciones planteadas se llevarán a cabo «solo» en caso de percibir la subvención. No obstante, agradece a la alcaldesa de la villa oniense la oportunidad brindada «por primera vez a las pedanías para poder ejecutar ideas que por sí mismas resultaría totalmente inviable». La intervención se centrará en la reforma integral de la cubierta, fachadas, carpintería, reparaciones varias (albañilería y renovación de la acometida del agua) y la pavimentación del patio exterior.
Mejora del frontón. El frontón se encuentra en proceso de rehabilitación tras la colocación de una tejavana hace tres años que protege a los usuarios del sol y la lluvia. Las paredes presentaban un deteriorado estado y la pedanía ha destinado una ayuda económica procedente de Oña para levantar y ensanchar todos los muros.