¿Realmente sabemos lo que pasó?

ANGÉLICA GONZÁLEZ / Burgos
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María Boado, fiscal de violencia de género, publica su primera novela, un thriller judicial sobre un caso de agresión sexual titulado 'Cruce de damas' que se pone a la venta este jueves, día 23

María Boado. - Foto: Valdivielso

Lo han dicho, con mayor o menor pasión o intención, muchos de los nombres que se dedican a la literatura. El Nobel de 2023 Jon Fosse, por ejemplo, no tuvo pudor en incluir en su discurso de aceptación del premio una frase tan radical como que escribir salva vidas, y Rosa Montero lo expresó de la misma manera cuando puso en las librerías La ridícula idea de no volver a verte,  título con el que exorcizó los fantasmas y dolores de la pérdida de su marido, a la vez que ponía en valor a la científica Marie Curie. Son infinitos los ejemplos de cómo las palabras -dichas, escritas, leídas, oídas- a veces son un buen asidero que muchas personas tienen cuando todo lo demás zozobra, y en este sentido María Boado (Burgos, 1973) no es una excepción. Frente al dolor, el susto, la incertidumbre y el miedo de un cáncer de mama y su correspondiente y duro tratamiento, la fiscal buscó consuelo en las letras, y algo más de un año después tiene una novela en el mercado. A partir del jueves, 23, se podrá comprar Cruce de damas (Roca), un thriller judicial ambientado en Oña, Burgos y Bilbao, escenarios que conoce muy bien la autora.

«Siempre me ha gustado escribir y he publicado mucho a nivel profesional, cosas muy técnicas a las que, en los últimos tiempos ya me estaba dando cuenta de que les estaba dando un cierto toque literario, como en el caso del último artículo, que era sobre víctimas. Me gusta escribir, pero no sabía si tenía la capacidad de emprender un proyecto así, pero un día empecé durante la baja porque tenía tiempo, necesitaba evadirme y no quería que el cáncer me consumiera todo el día. No se lo dije a nadie y me dediqué a ello y en vez de a pensar que al día siguiente tenía quimio pensaba qué les iba a pasar a mis personajes, lo que ha sido muy terapéutico. Cuando vi que aquello tomaba forma sí lo conté: 'Oye, que creo que estoy escribiendo una novela'». Y así ha sido.

La historia gira alrededor de una agresión sexual «muy violenta» sufrida por una chica en plenas fiestas patronales del pueblo en el año 1991, la posterior reclusión en la cárcel del culpable y la reapertura del expediente seis años después por parte de una joven abogada  «novata» que ve indicios de inocencia en el que hasta entonces ha sido considerado autor de los hechos. Con estos mimbres ha construido Boado un puzle en el que ha incluido muchas de las preocupaciones que le da su trabajo -es fiscal de violencia contra la mujer en Burgos y coordinadora en Castilla y León-  como el tratamiento que se da a las víctimas o la agilidad de los procesos. «No está basado en hechos reales, en la vida he visto un caso como este, pero es algo que podría pasar perfectamente, cuando se lee se ve que es algo que le puede pasar a cualquiera», señala, a la vez que afirma que ha utilizado un lenguaje nada técnico porque cree que es la manera de no alejar a la gente del mundo judicial. 

El simple hecho de publicarla ya es un regalo. Me gustaría que la gente la disfrutara»

Habla con pasión la autora de su primera criatura en papel porque se ha divertido tremendamente mientras la construía e incluso ha experimentado esa sensación de «sentirse Dios» que, a veces, es inevitable cuando se va tejiendo a voluntad la personalidad y las vicisitudes de los individuos que pueblan las novelas y «haciendo con ellos lo que quieres», pero también reconoce que está aterrada cuando piensa en el hecho cierto de que en pocos días la va a exponer al escrutinio público. «Simplemente el hecho de publicarla ya es un regalo, hubiera pagado por hacerlo, y aunque algunos lectores cero me han dicho que les ha enganchado, no sé qué ocurrirá. Me gustaría que la gente disfrutara de su lectura y comprendiera los mensajes que intento lanzar».

Escribe Boado con mucho conocimiento de causa -aborda asuntos como la presunción de inocencia o la mayor o menor rapidez de los procesos judiciales- y centrada en la situación de las víctimas hace 30 años: «En aquel año al que me he remontado no se hablaba de violencia de género y mucho menos había preocupación por las víctimas, ya que la primera ley que las tiene algo en cuenta -muy poquito- desde el punto de vista psicológico es de 1995. Las víctimas entonces solo eran testigos de referencia, un instrumento para conseguir la condena, después de la cual nadie se acordaba de ellas ni de protegerlas. Creo que es interesante que sobre todo las personas más jóvenes sepan cómo eran las cosas, todo lo que han avanzado y que reflexionen sobre que de ninguna manera podemos retroceder en el abordaje y la conciencia social sobre la violencia sexual, que estamos viendo como está creciendo exponencialmente».

También aborda en Cruce de damas cómo el entorno familiar de la víctima trata de ocultar lo ocurrido por vergüenza, algo que poco a poco se va superando, de lo que ha sido un ejemplo insuperable Gisèle Pelicot, la mujer ofrecida por su exmarido durante años a otros hombres que la violaron estando inconsciente y que ha hecho bandera de la frase que indica que la vergüenza debe cambiar de bando.

La novela de María Boado -que ya está escribiendo la segunda- será presentada en sociedad probablemente el próximo mes de febrero en un acto en el que estará acompañada por su compañero, el también fiscal y literato Fernando Gómez Recio.