«La industria de la automoción es global y está profundamente interconectada». Burgos no exporta coches a los EEUU, pero es un eslabón más de una gigantesca cadena de suministro industrial que este jueves sufrió un fuerte tirón al confirmarse que Trump aplicará a partir del 3 de abril aranceles del 25% a los coches y vehículos ligeros y sus componentes que no sean de fabricación estadounidense.
El mercado de referencia para la industria auxiliar de la automoción burgalesa es Europa (Francia, Italia, Portugal, Alemania...), más en concreto, son los 14 fabricantes instalados en España, muchos de los cuales tienen intereses al otro lado del Atlántico y, por lo tanto, sufrirán directamente el nuevo sablazo del presidente norteamericano.
Aunque no son estratégicos en la supervivencia de las empresas, aquí se fabrican algunos componentes que pueden terminar integrándose en los modelos que sufrirán el recargo del 25%.
Antolin, sin ir más lejos, fabrica en EEUU para modelos del país, con lo que consigue, al menos en este mercado estratégico para la multinacional burgalesa, encajar en las aspiraciones proteccionistas de Trump e incluso aspirar a seguir creciendo.
Dicho esto, la guerra comercial preocupa y mucho en una industria local inmersa en el proceso de transición al coche eléctrico, con sus niveles de producción bajo mínimos y con el gigante chino llenando de sus modelos el mercado.
En la patronal del Metal, reconoce su presidente, Andrés Hernando, se vive esta zozobra, agudizada por la inseguridad, el desconocimiento y la imprevisión con lo que está ocurriendo todo. «El desconcierto no es bueno para el negocio», coinciden los fabricantes de componentes locales, reflexión a la que se unen los representantes sindicales de los miles de trabajadores de esta industria, por el momento, tranquilos y a la expectativa.
Entre las empresas más internacionalizados, una de las dudas abiertas versa sobre el número y el tipo de componentes que serán gravados o si el 25% anunciado afectará al coche en su conjunto. También se preguntan la letra pequeña de los sobrecostes que sufrirán aquellas piezas o componentes que atraviesan varias fronteras antes de llegar a formar parte de un vehículo, algo muy habitual entre EEUU y su suministrador de referencia y ahora 'enemigo' comercial, México.
Global. «Ningún país puede producirlo todo por sí solo, y los cambios en la cadena de suministro requieren tiempo y planificación», reflexionaba Ricardo García, presidente de Mercado Europa y COO de Benteler, tras conocer la última del inquilino de la Casa Blanca. «Las restricciones comerciales, como los aranceles, no solo afectan a los fabricantes, sino que, en última instancia, impactan a los consumidores, que enfrentarán precios más altos».
García recuerda que el de la automoción es un mercado donde la mayoría de los grandes fabricantes no son estadounidenses, «por lo que es clave encontrar soluciones que fomenten la competitividad y la colaboración sin generar costos innecesarios. En Benteler estamos preparados para afrontar estos desafíos con solidez y visión estratégica».