Tener una ciudad accesible no solo beneficia a las personas que tienen alguna discapacidad motórica, auditiva o visual sino también a aquellas que necesitan andadores, caminan con muletas o empujan un carrito de bebé y, por extensión, a todos sus habitantes. Conseguirlo no es tarea fácil y requiere de importantes inversiones pero se puede. Primero, no construyendo más barreras de las que ya hay y segundo, adaptando los edificios ya construidos y las calles.
La Gerencia de Servicios Sociales encargó en 2017 la elaboración del I Plan de Accesibilidad de la Ciudad, bajo el mandato de la concejala del PP Gema Conde. El documento realizaba un análisis exhaustivo de la situación de la ciudad y proponía una serie de medidas correctoras a aplicar en un horizonte temporal de seis años (2018-2023). Sin embargo, quedó guardado en un cajón. Se pensó en que su aplicación podía pilotarse desde el Servicio de Accesibilidad, Movilidad y Transportes (Samyt) pero con el paso de los años perdió la 'a' y no se ha aplicado como tal. Cada área municipal hace pequeñas actuaciones para eliminar barreras, pero falta un control.
Por ello, la Federación Asociaciones de Personas con Discapacidad de Burgos (Cocemfe) reclama una unidad municipal dotada de personal técnico que se ocupe de este cometido. La petición formal se realizó en el Consejo Sectorial de Personas con Discapacidad, un órgano colegiado de participación, consultivo y de asesoramiento para facilitar la participación de las personas con discapacidad a través de las entidades asociativas. «Necesitamos que exista una unidad municipal con algún responsable al que nos podamos dirigir para que se tenga en cuenta nuestro punto de vista o demandas», apuntó Raquel Zubiaga, de Cocemfe.
En este sentido, reconoció que las actuaciones no solo deben contemplar la eliminación de barreras físicas sino también sensoriales o cognitivas. Es decir, la instalación de bucles magnéticos para las personas con dificultad auditiva, pictogramas o códigos QR que se puedan escanear con dispositivos móviles. «Son pequeñas cosas que pueden facilitar la vida y poder hacer gestiones administrativas», apuntó, al tiempo que señaló la importancia de diseñar encaminamientos que ayuden a las personas a dirigirse a determinados lugares públicos.
El Plan de Accesibilidad proponía actuaciones en diferentes ámbitos. Por ejemplo, en el urbanístico se planteaban ensanchar algunas calles o mejorar el pavimento, el mobiliario urbano o la iluminación. Se señalaba la calle Valladolid como la menos accesible de la ciudad para personas con discapacidad, mientras en el lado opuesto estaba Batalla de Villalar. También ponía sobre la mesa que la mitad de los 94 edificios municipales presentaba alguna barrera arquitectónica y es necesario llevar a cabo algunas mejoras. A ello se añadía la necesidad de mejorar la accesibilidad de las paradas del autobús urbano, un aspecto en el que sí se ha empezado a trabajar.