El rugido del agua rompía el silencio que acostumbra a mecer Las Loras. Camino a Fuenteodra, pedanía de Humada, la carretera provincial bullía de actividad este domingo con un vaivén de coches y alguna caravana que se dirigían a la intermitente cascada de Yeguamea. Andrea Benito, procedente de Aguilar de Campoo y comunicadora del Geoparque, aseguraba que «hace un mes no salía nada de agua, estaba seca». Sin embargo, la resaca de la temporada de lluvias del mes de marzo prometía un espectáculo ya avisado por la toponimia del paraje. Así que la palentina, junto con Raúl y sus tres perros, se acercó a observar de primera mano la majestuosa caída vertical que aparecía mágicamente de la piedra para incorporarse al río Odra.
Pisándoles los talones, Fernando y Marian, procedentes de Villarramiel (también en Palencia), pasaban por debajo del chorro para comenzar una ruta de Wikiloc que atravesaba diferentes pozos y fuentes de Peña Lora. «Había problemas de internet, estábamos incomunicados», admitían mientras intentaban refrescar en su teléfono el itinerario para ubicar la dirección a seguir del sendero.
A la deficiencia de las comunicaciones del entorno se suma la escasa oferta hostelera. «Iremos a comer a casa porque no hemos visto ningún restaurante por aquí», comentaba Marian. «No hay bar, tenemos que traerlo todo», añadía la madre de una familia de Santander, que había sabido de la existencia del paraje por el dueño de la casa rural de Peña Amaya, donde habían pasado la noche. «Me ha sorprendido mucho», aseguraba con ilusión la pequeña y sonriente Irene.
Estas amigas riojanas fueron previsoras y reservaron mesa con antelación. - Foto: Alberto RodrigoEntre la decena de vehículos apiñados en las cercanías de Yeguamea, compartían impresiones unos apasionados del senderismo de Valladolid y Burgos, liderados en esta ocasión por José Ramón, que advirtió del carácter efímero de la espectacular caída del agua. Apuntó otros nombres de cascadas que, para evitar la saturación turística y el desgaste de las tobas, prefirió mantener en el anonimato.
Excursiones de día. El fervor por asomar la cabeza fuera de casa tras el temporal también había llegado al valle de Sedano, donde el turismo masivo de cualquier ciudad poco tenía que envidiar a Orbaneja del Castillo. José Javier, técnico de la Oficina de Turismo, que repartía sin parar entradas a la Cueva del Agua, observaba que este último fin de semana de marzo habían aumentado exponencialmente las visitas, con predominio de «gente de Valladolid y Madrid».
La sonoridad de la cascada, que sorteaba las entrañas del pueblo, competía con el lenguaje feroz de las motos que desfilaban por la carretera. «Llevaba ya un mes sin coger la moto con la lluvia y hemos visto muchos motoristas», relataban los burgaleses Norberto y María. No les faltaba razón, porque en seguida empezaron a llegar los miembros del Moto Club Froilanes de Cantabria. «Nos gusta combinar la ruta motera con la gastronomía y la cultura, y esto es ideal», explicaba Noemí.
El grupo de la joven Irene (izquierda) pasó la noche en Peña Amaya. - Foto: Alberto RodrigoArancha, del bar El Abuelo, comentaba que el pasado domingo «no había nadie en la calle». Un escenario que contrastaba con la abarrotada terraza de ayer. Sin embargo, Arancha apuntaba que el alboroto de la taberna no se traducía en pernoctaciones, al menos en las casas rurales del pueblo. «Están vacías las dos», lamentaba.