Los hermanos Sagredo, propietarios de la explotación avícola que hace casi un año quedó parcialmente arrasada en Briviesca por un devastador incendio, garantizan la continuidad del negocio con la incorporación de algunos de sus hijos a la plantilla laboral y la reconstrucción de una de las naves afectadas para criar otras 30.000 gallinas -actualmente hay 60.000- y llegar a producir hasta 90.000 huevos diarios.
La muerte por asfixia de 35.000 de las 170.000 aves que se encontraban en los pabellones el día en el que se originaron las llamas provocó una caída del 70% de la producción aunque los empresarios, a base de esfuerzo, lograron mantener todos los puestos de trabajo excepto el del conductor del camión de reparto.
La inversión millonaria que requiere la puesta en marcha del pabellón y el desconocimiento sobre la indemnización a recibir por parte del seguro frenó a los empresarios a dar nuevos pasos para recuperar parte de las instalaciones dañadas. Sin embargo, con un proyecto sobre la mesa y el relevo generacional asegurado, la reparación del tejado de una de las naves y la posibilidad de rescatar otra sin demasiados desperfectos se llevará a cabo «en breve», declara Eric Arce, uno de los portavoces de la familia. La búsqueda de empresas de la zona capacitadas en la ejecución de las actuaciones planteadas ha «llevado su tiempo» pero finalmente han encontrado lo que necesitaban.
El pabellón deberá quedar en perfectas condiciones para el momento en el que lleguen las aves -todavía no hay fecha-, ya que el mínimo ruido generado las «alteraría tanto que no pondrían huevos», explica José Sagredo, uno de los dueños de la explotación ganadera. En la actualidad, recogen de manera automática en torno a 60.000 huevos -antes del suceso las cifras superaban los 140.000- y con la puesta en marcha de otro espacio adaptado a la crianza aumentarán «aproximadamente un tercio».
Durante meses, un equipo especializado en incendios de la Guardia Civil ha investigado las posibles causas que provocaron las llamas que el pasado 26 de marzo pusieron en riesgo el futuro de la granja, y todo apunta a que «fueron accidentales, un simple cortocircuito», declara Sagredo. Si bien, con el incremento del número de ponedoras el pasado verano -en total fueron 17.000- la venta de producto ha mejorado considerablemente, pero sin llegar a las cifras de antes.
Por ahora, clasifican los huevos en el antiguo pabellón con maquinaria de segunda mano que compraron tras el suceso y los transportistas que aglutinan la producción en furgonetas y camiones disponen de un nuevo muelle de carga que les facilita el trabajo. La distribución y el reparto que realizan ellos mismos sí ha sufrido modificaciones y únicamente alcanza el sector de la hostelería y el comercio más local y de cercanía. Briviesca, Burgos, Aranda, pueblos del norte de la provincia, La Rioja o el País Vasco son los lugares en los que Sagredo vende sus huevos. La demolición de las estructuras afectadas en los pabellones fueron retiradas hace unos meses.
3 millones en pérdidas. La venta nunca se paralizó a pesar de que el incendio arrasó con maquinaria agrícola, tres pabellones, un almacén, y el centro de clasificación, construidos en los años 2002 y 2012. Los propietarios calculan que las pérdidas económicas alcanzaron los tres millones de euros y por el momento desconocen si cambiarán de ubicación la clasificadora con la que se lleva a cabo el envasado de la producción.