El viñedo llega a la primavera sin frío y con agua de sobra

I.M.L. / Aranda de Duero
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Desde octubre, ha llovido tanto en la Ribera del Duero como en un año completo. Los viticultores retrasan la poda para que la brotación no se vea afectada por las posibles heladas que se registren en abril y mayo

La temporada idónea para la poda concluye este mes, mientras se prepara el terreno para nuevas plantaciones. - Foto: Valdivielso

El cambio de estación ha llegado en medio de un tren de borrascas que anuncia más precipitaciones. Unas previsiones meteorológicas que, hace años, habrían sido recibidas con alivio por parte de los viticultores de la DO Ribera del Duero, y por los agricultores en general, pero esta campaña si de algo presume es de haber sido muy lluviosa. Según los registros pluviométricos recogidos en el entorno de Roa de Duero, desde octubre hasta el jueves habían caído en la comarca tantos litros de agua como la media anual que se venía registrando en la zona. 

Por eso los viticultores reconocen que las cepas tienen suficiente reserva hídrica para aguantar, incluso si llega un verano cálido. En concreto, entre el 1 de octubre y el pasado jueves se contabilizaron más de 300 litros, cuando la media ribereña de 12 meses suele rondar los 450 litros. Unas cifras que certifican la tranquilidad de los viticultores y bodegueros de cara a los próximos meses. «Ha sido un invierno beneficioso realmente para lo que es la acumulación de agua en la tierra y crear reserva para cuando empiece la brotación en primavera y el verano, porque nunca sabe luego cómo va a venir el ciclo vegetativo», apunta José Manuel Pérez Ovejas. 

Otra de las características de este invierno han sido las suaves temperaturas que se han registrado. «Ya no tenemos los duros y secos inviernos de antes», apunta María Burgos, viticultora que tiene sus parcelas en la zona más al este de la DO. De hecho, en el ámbito de las viñas lo deseable pasa porque el mercurio hubiese bajado más. «Se ha echado de menos alguna helada de invierno, viene muy bien para el control de plagas», reconoce Eduardo Izquierdo, viticultor de la zona de Gumiel de Mercado. Una opinión que comparte María Burgos porque «el frío además de controlar mucho las plagas y hongos ayuda especialmente para el ciclo, para que se ralentice».

Como la meteorología no se puede controlar, en el campo se buscan estrategias para conseguir esa pausa en el desarrollo del ciclo de la vid. A lo largo de estos meses, las labores en los viñedos se han centrado en preparar el terreno para la futura cosecha, arando en aquellas parcelas donde no se deja la cubierta vegetal, adecuar el suelo para las nuevas plantaciones, que se realizan en el mes de abril, y sobre todo, podar los sarmientos y preparar la cepa para la nueva brotación. «Todavía falta este mes de marzo para finalizar la poda, porque a la gente que le quede aún pendiente se le ha interrumpido un poco la ejecución de las labores propias de invierno porque el terreno está encharcado», reconoce Pérez Ovejas.

Esta labor de eliminar los sarmientos que se formaron el año pasado se retrasa cada vez más en el calendario, con el objetivo de librarse de las heladas tardías. «Las podas más tardías brotan también más tarde y eso también puede ser importante en las zonas más propensas a la helada porque si luego viene la helada, la viña la pilla menos brotada», explica este bodeguero. 

Las dos primeras semanas de abril constituyen el punto de inicio de la nueva campaña para la viña en Ribera del Duero, ya que a mediados de mes tendría que generalizarse la brotación de las cepas en el territorio de la DO. Por eso, los viticultores consideran que el mejor escenario a partir de ahora es que deje de llover para terminar de realizar la poda y «temperatura suave, que las temperaturas diurnas no sean muy altas» apunta María Burgos. «Que venga sol y calor, pero no es bueno que venga de repente porque si no la viña se adelanta mucho y corremos el riesgo de las heladas primaverales en la zona», añade Pérez Ovejas.