Una ciudad más humana

R. PÉREZ BARREDO / Burgos
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Las primeras peatonalizaciones en el centro histórico de Burgos cumplen treinta años. Desde entonces, el 70 por ciento del corazón de la ciudad se ha reurbanizado y adaptado sin tráfico rodado

Calle Laín Calvo. - Foto: Miguel Ángel Valdivielso

Que las principales arterias y espacios del centro histórico no tengan tráfico rodado y sean un territorio exclusivo para los ciudadanos es un mérito que hay que atribuir a aquel hombre henchido de humanidad y bonhomía que fue el alcalde Valentín Niño, el primero en apostar por hacer más habitable el corazón de la urbe. Aunque los regidores que le sucedieron continuaron aquella estela, fue Niño el precursor -desde su llegada al sillón de la Alcaldía en 1992- de una conquista que se ha revelado como una de las actuaciones urbanísticas de mayor calado, por más que los inicios fueran un tanto complicados: siempre resulta difícil aceptar decisiones, encajar cambios que alteran hábitos y costumbres. Habrá quienes, hoy, se lleven las manos a la cabeza imaginando un trajín de vehículos circulando por las calles Laín Calvo o La Paloma, pasando bajo el arco de Santa María, aparcando en la plaza del Rey San Fernando. No es una distopía: fue así durante décadas, hasta que Valentín Niño decidió erradicar los vehículos del centro histórico.

Aunque los cortes al tráfico se iniciaron en 1993, la peatonalización no se consumó hasta 1995 y en un principio ese plan se topó con la contestación del comercio y la hostelería, que puso el grito en el cielo asegurando que era una manera de ahuyentar a los visitantes. En los primeros meses desde la reurbanización de estas arterias, se llegó a afirmar que las pérdidas habían sido cuantiosas y que poco menos que por eso apenas nadie visitaba ya la Catedral.El tiempo ha demostrado que esa operación sólo ha traído beneficios. Entre ese 1995 y 1999 se ganaron para el peatón las calles La Paloma, Laín Calvo y Almirante Bonifaz, lo que obligaría a cambiar distintas calles de sentido. El PlanEspecial del Centro Histórico(PECH) que se aprobó en 1999, así como el PGOU, ya contemplaban en ese final de siglo seguir avanzando en esta idea de sacar vehículos de las calles neurálgicas del centro de la ciudad.

Ya con Ángel Olivares como regidor se abordó otro de los puntos más sensibles por extensión y como espacio simbólico: la plaza Mayor. Se aprovechó la necesaria rehabilitación y ampliación del aparcamiento subterráneo para abordar la peatonalización de la plaza, cuyo diseño realizaría el prestigioso arquitecto catalánAlbert Viaplana. La polémica rodeó esta actuación desde el principio, pero el nuevo espacio peatonal era inmenso (11.000 metros cuadrados), ya que incluyó también la contigua plaza de Santo Domingo de Guzmán. Así, el arranque del nuevo siglo vio modificarse un espacio que había registrado numerosos cambios a lo largo del anterior, pero por el que ya nunca pasaría el tráfico rodado.

Calle Laín Calvo.Calle Laín Calvo. - Foto: Patricia González

Con el siguiente alcalde, Juan Carlos Aparicio, se fue más allá, merced a un ambicioso plan de peatonalización con claros objetivos: aumentar la calidad de vida de los burgaleses incrementando el flujo de peatones con el fin de potenciar el comercio y los servicios, amén de mejorar la estética viaria con nuevos pavimientos y mobiliario urbano.Entre los años 2003 y 2007 se remodelaron y peatonalizaron las calles La Moneda, General Santocildes, San Juan, Avellanos, Cardenal Segura, Diego Porcelos y la plaza Alonso Martínez. Sin duda, la restauración y peatonalización del puente de Santa María y el tramo anejo a éste del paseo de la Isla fue quizás la actuación más llamativa en esa legislatura, en la que también se realizó la primera peatonalización al otro lado del Arlanzón: la de la calle San Cosme.

(Más información y fotografías comparativas de antes y ahora, en la edición impresa de este domingo de Diario de Burgos)