El estudio y el proyecto de intervención para rehabilitar las vidrieras de la Capilla del Condestable de la Catedral ha concluido y en las próximas semanas el Ministerio de Cultura, organismo que financiará la que es considerada última gran intervención para devolver el esplendor completo al primer templo metropolitano, sacará a licitación esta actuación, que superará, según los cálculos de Cabildo, los 1,5 millones de euros. María Isabel Herráez Martín y María Turégano Botija, del Área de Intervención en Bienes Muebles del Instituto del Patrimonio Cultural de España han asegurado a este periódico que las vidrieras «están bastante mejor de lo que esperábamos porque la calidad es muy alta. Es cierto que están deterioradas, pero es algo lógico».
Ambas especialistas se han encontrado, desde que empezaron con el análisis de los vitrales, paneles completos, paneles fragmentados y piezas directamente sueltas. «Se han documentado desde el punto de vista histórico y artístico para conocer su evolución, incluyendo las intervenciones documentadas en el archivo; también se ha realizado una documentación gráfica y planimétrica actualizada, lo que ha incluido fotografía de todo lo que se conserva. Ese registro es importante. También se ha hecho el estudio para, una vez restauradas en taller, saber los medios auxiliares necesarios para su colación, que será desde un andamiaje a 27 metros del suelo de la capilla», explican.
Lo que nadie se atreve a dar es plazos sobre la restauración, toda vez que el equipo que lo lleve a cabo se va a encontrar con distintos desafíos, ya que hay vitrales hechos añicos y no se tarda lo mismo en rehabilitar ventanales a partir de un puzle con muchas y pequeñas piezas que otros mejor conservados. El equipo del Instituto del Patrimonio Cultural de España involucrado en el proyecto es multidisciplinar: historiadores, fotógrafos, restauradores, arquitectos, técnicos de análisis químicos y físicos.Tienen experiencia: trabajaron en proyectos similares en las catedrales de León y Ávila. En total, la actuación afecta a los catorce ventanales de la capilla.
A la espera del concurso del que saldrá la empresa que ejecute la restauración, esta actuación responde el compromiso adquirido en 2022 por el entonces ministro de Cultura, Miquel Iceta. Desde un principio se marcaron plazos: entre los años 2026 y 2027 tenía previsto el ministerio que las vidrieras volvieran a lucir en lo alto de esta bellísima capilla.
Las vidrieras siguen depositadas en grandes armarios en una estancia del templo, donde han podido ser estudiadas.
Lo que constituye una maravilla es que, más de doscientos años después, casi todos los añicos de las vidrieras que se vieron afectadas por la voladura del Castillo fueran pacientemente recogidas por los capitulares de la época -cada uno de los pedazos de ese frágil y bellísimo material- y los pusieran a buen recaudo. Durante décadas, esos vestigios languidecieron casi olvidados por todos en lo que fue la bodega del templo, una estancia casi subterránea y húmeda en la que se conservaba el vino. Aunque en aquella estancia también se guardaron restos de vitrales de otras capillas del templo, se ha podido discernir -en su mayoría- cuáles pertenecían a la espléndida capilla del Condestable. El autor de estas joyas que nada tienen que envidiar a otras más famosas (como las de León) fue Arnao de Flandes, quien puso todo su talento para elaborarlas entre finales del siglo XV y comienzos del XVI.