Una de cada 4 habitaciones de hotel en la Ribera es de bodegas

C.G. / Aranda de Duero
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Con más de 200 plazas, el enoturismo supone una de las principales vías de desarrollo de negocio para las elaboradoras de la Ribera, que completan visitas y catas con servicios hoteleros y gastronómicos

Tanto el SPA como las habitaciones del hotel El Lagar de Isilla están diseñadas con temáticas vinícolas. - Foto: Luis López Araico

Una de cada cuatro habitaciones de hotel en la Ribera del Duero burgalesa pertenecen a una bodega. La apuesta por el enoturismo ha derivado en que varias elaboradoras cuenten con su propio establecimiento hotelero y ofrezcan alojamiento a los viajeros. Una tendencia que responde a la necesidad de acoger a un número cada vez mayor de turistas en la zona.

Actualmente, con la reciente apertura del hotel de Bodegas Nabal, en Gumiel de Izán, la comarca cuenta con 107 habitaciones de estas características. Torremilanos en Aranda, Pradorey en Gumiel de Mercado, Lagar de Isilla en La Vid, Raíz en Roa y Traslascuestas en Mambrilla de Castrejón, ofrecen a sus clientes un servicio más completo que incluye una inmersión en sus instalaciones. Por otro lado, la oferta de establecimientos hoteleros no ubicados en bodegas está en torno a las 350 habitaciones. 

«El proyecto del hotel comenzó hace 25 años y desde el principio ya tenía muy claro que había que crear sinergias con el mundo del vino», explica José Zapatero, gerente del Grupo El Lagar de Isilla. En su caso, la apuesta por el enoturismo empezó en 1995 y le ha llevado al desarrollo de un complejo en La Vid que incluye hotel, SPA, restaurante y bodega. «Cada vez contamos con más clientes, a veces para reservar en fin de semana hay que hacerlo con una antelación de 2 o 3 meses», manifiesta Zapatero.

La situación resulta diferente entre semana. Los viajeros que aprovechan los días laborales suelen venir de fuera de España y el turismo internacional se mantiene como una de las principales tareas pendientes en la zona. Esto se refleja en otros casos, como en Traslascuestas. Según la dirección de la bodega, el hotel, que cuenta con 10 habitaciones en la mismas instalaciones, sólo permanece abierto los fines de semana desde marzo al puente de la Inmaculada.

Jesús Herrero, responsable del hotel de Bodegas Nabal, asegura que, de momento, la zona presenta algunos picos de demanda de alojamiento, mientras que en otros periodos las reservas están bajo mínimos. «La gente viene aquí, sobre todo en Semana Santa y durante la época de vendimia. Después, en algún evento puntual como Sonorama», añade Herrero. 

Las bodegas cada vez tienen más claro que los clientes quieren un servicio que complete todas sus necesidades. «El viajero viene buscando tres cuestiones básicas: ocio, comida y alojamiento. Nuestro objetivo es cubrir todas en un futuro», argumenta Herrero. Por su parte, Zapatero afirma que los turistas valoran de forma muy positiva no tener que coger el coche después de hacer una cata, algo que ellos pueden ofrecer gracias al hotel. 

Desde el punto de vista del gerente de El Lagar de Isilla, la comarca sólo acaba de empezar en este sentido. «Hay cabida para el desarrollo de más hoteles en bodegas. Queda mucho por hacer y cuanta más oferta, mejor para todos», añade José Zapatero, quien está a favor de la creación de sinergias con otros establecimientos del territorio, algo que impulsa desde hace años la propia Ruta del Vino Ribera del Duero. 

Menos que Valladolid. La oferta hotelera en bodegas en la Ribera burgalesa se encuentra aún por debajo de la zona vallisoletana. Tanto en estrellas como en habitaciones, la comarca aún no ha apostado lo suficiente para igualar a la provincia vecina. Con empresas como Arzuaga o AF Pesquera, además de otras opciones más pequeñas, esta parte de la DO se ha convertido en pionera en el desarrollo del enoturismo, gracias a la apuesta de grandes grupos.