El olor es insoportable. Cuando hace frío, algo de viento y las tapas de las alcantarillas están colocadas, se hace llevadero a pie de calle. Sin embargo, al levantarlas de su emplazamiento y dejar la arqueta libre, el hedor es indescriptible. «En verano no hacemos vida. Dejo las ventanas y las puertas abiertas porque no hay quien aguante dentro. Estamos muy desesperados», reconoce Puri, una de las vecinas de Saldaña de Burgos afectadas. Los que más sufren este problema son los propietarios de las casas en la zona baja de la calle Mariano Arranza, donde se ubican las tres cloacas.
La falta de corriente eléctrica para que funcionen las bombas que deben impulsar las aguas fecales hasta el desagüe principal provoca una acumulación bajo tierra que dispara los olores. En verano, cuando el calor más aprieta, caminar por esta calle se vuelve un suplicio. Pues imagínense vivir rodeados de este hedor o que, en algunos casos, suba por la taza del váter al rebosar por las alcantarillas a modo de fosa séptica.
Cuando la empresa que ejecutó la urbanización de este espacio entregó la obra, nadie en el ayuntamiento -uno anterior al actual- verificó que las bombas contaban con corriente eléctrica. «Hemos escrito varias veces a esta corporación y a la previa para que asuman las consecuencias y lo arreglen, pero nadie nos hace caso», admite Josué, uno de los vecinos afectados. A tal punto ha llegado su desesperación que solicitaron hace meses un presupuesto para conocer el importe del posible arreglo. «Son solo 3.000 euros», reconoce.
Cada pocos meses acude un camión chupona que desatasca las tres alcantarillas
La actual regidora, en el cargo desde las pasadas elecciones, asegura a este periódico, una vez ha conocido la denuncia de los vecinos a través de Diario de Burgos, que ya ha iniciado los mecanismos internos necesarios para solucionar el problema. «Hemos dado aviso al electricista del Ayuntamiento para que se encargue lo más rápido posible», explicó este jueves Seila Bárcena, que confirma el importe que manejan los vecinos.
Sin salida. Los malos olores, que llegan incluso a colarse dentro de sus casas en épocas de altas temperaturas a través de los baños, llevaron a los vecinos a plantearse actuar motu proprio. Sin embargo, relata Josué, descartaron la opción al tratarse de una vía pública.
La única ayuda que han obtenido por parte del Consistorio -no sin insistir por activa y por pasiva según ellos- es la visita de un camión chupona que desatasca las tres alcantarillas cuando rebosan las aguas residuales y el hedor se vuelve insufrible.
«Este 2025 llevan ya dos o tres veces. Cada vez que la llaman son entre 600 y 800 euros según se indica en los presupuestos, por lo que con las ocasiones que ha venido ya habrían arreglado la falta de conexión eléctrica», admiten los vecinos, que esperan disfrutar de un verano sin malos olores.