La fruta inmigrante sin horarios encandila a los burgaleses

G. ARCE / Burgos
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Comerciantes de origen paquistaní y marroquí, principalmente, desembarcan en Burgos para competir en proximidad, tiempos de apertura y precios con supermercados y fruterías locales. Las colas de clientes en estos establecimientos confirman su éxito

Bardar (Fruta Royal). - Foto: Miguel Ángel Portilla

Es un fenómeno comercial reciente, pero se extiende por la ciudad como una auténtica mancha de aceite, mejor dicho como un zumo de naranja. Decenas de locales vacíos están recuperando la vida con la apertura de las fruterías regentadas, principalmente, por ciudadanos paquistaníes y marroquíes. Son autoservicios con todo tipo de género de fruta y verdura fresca a disposición del público, a buen precio, con una calidad más que razonable y a cualquier hora del día e incluso de la noche, durante la semana, los fines de semana y también los festivos.

Son los nuevos minimercados de barrio, abiertos en pequeñas calles y también en grandes avenidas, en el extrarradio y en pleno centro, en Francisco Grandmontagne, Lavaderos, la avenida del Cid, las calles San Pablo o San Lesmes, la plaza Vega y un largo etcétera de emplazamientos cuyo denominador común es que están en lugares de paso muy frecuentados, en el sitio exacto para comprar un poco de fruta a última hora. 

El cliente palpa, selecciona y elige el género delicadamente colocado en unos estantes donde los letreros subrayan la procedencia nacional (para evitar equívocos). Casi sin articular palabra o con una simpatía desbordante, que de todo hay, un dependiente de tez morena o una mujer cubierta con el velo recoge la bolsa, pesa la mercancía y cobra. Otros dependientes reponen las existencias para que no quede un hueco libre sin cubrir. 

La frutería de la avenida del Cid es ya un referente para muchos de los vecinos de la zona. La frutería de la avenida del Cid es ya un referente para muchos de los vecinos de la zona. - Foto: Miguel Ángel Portilla

Algunas fruterías generan tantas ventas que incluso hay furgonetas aparcadas en las cercanías que ejercen de almacén portátil para reabastecer el negocio. Lo que hasta ahora era un comercio muy extendido solo en las grandes capitales, ha irrumpido en la ciudad con gran éxito, compitiendo de tú a tú con los supermercados y también con los fruteros tradicionales.

El fenómeno parte de una realidad: la fruta en los supermercados no termina de triunfar y se puede competir contra los grandes. La logística de productos altamente perecederos es muy compleja y su manejo a gran escala, como hacen los súper, no siempre da los mejores resultados para el cliente. La fruta pierde constantemente frescura y agua, por lo que tiene que sortear diferentes procesos de conservación para llegar al lineal y mantener un excelente aspecto. A pesar de los esfuerzos, es más que habitual el género acartonado y sin sabor, a precios elevados y muy poco variado.

Estas dificultades en los grandes formatos han provocado que las fruterías sean los únicos comercios tradicionales de alimentación de proximidad que han crecido en los últimos años en Burgos, algo de lo que no pueden presumir ni panaderías, ni carnicerías, ni pescaderías, entre muchos otros.

Atta (Frutería Burgos Fresh).Atta (Frutería Burgos Fresh). - Foto: Miguel Ángel Portilla

Es un crecimiento que esconde su cara amarga: la desaparición de la frutería tradicional familiar. Los números crecen sostenidos en los negocios locales (también familiares) que han apostado por la apertura de grandes redes de tiendas, llegando incluso hasta las 40 licencias, y en comercios regentados por inmigrantes que apuestan por el filón de la proximidad a buen precio y a cualquier hora.

Los datos que maneja la Cámara de Comercio cifran en 125 las fruterías abiertas en 2023, que suman más que las del año anterior (ni recogen las aperturas de este año), pero que aún están lejos de las 170 operativas tras el fin de la pandemia.

Competencia. Los fruteros de Burgos no son ajenos a este fenómeno comercial y lo siguen con detenimiento y también con algo de preocupación, pues es una competencia cada vez más dura, principalmente en costes.

La mayoría del género que se vende en las fruterías de los inmigrantes procede de los grandes mercados de abastos de Valladolid y Madrid, donde compran dos veces a la semana o incluso a diario. El motivo de acudir a los grandes mercados es sencillo, comercializan al por mayor mayores cantidades de fruta y son más competitivos y variados en los precios. Allí es posible comprar más por menos e incluso jugar con las fechas de caducidad y la calidad de los géneros para conseguir mejores precios.

No estamos ante fruteros individuales, sino ante cadenas que van extendiendo su red desde las capitales a las ciudades de menor tamaño. Alquilan locales, comparten compras y logística y emplean a su personal, siempre inmigrante. Si falta algo, recurren a MercaBurgos, aunque no es lo más habitual.

La calidad del género, explican empresarios burgaleses del sector, es aceptable por una sencilla razón: el nivel de clientela que tienen. «La gente no vuelve a la frutería si le ha salido mal una compra...», sentencian, y las de paquistaníes y marroquíes tienen colas en sus horas punta.

Otra cosa pueden ser las condiciones laborales y salariales en estos negocios, que tienen reflejo muy importante en las etiquetas de la fruta. 

Por lo general, son regentados por una persona que cuenta con el apoyo de más, todos inmigrantes y de la misma procedencia. Abren a primera hora de la mañana (9 e incluso antes) y cierran a última hora de la noche (9 e incluso después).

Lo hacen en locales, en algunos casos con alquileres lo suficientemente altos para tener que vender mucho género durante muchas horas y días. 

«Todo ese trabajo 'de más', muy por encima del resto de sector, permite abaratar la fruta y exprimir al máximo la caducidad de la misma por sus horas de venta, aunque para determinar si hay prácticas ilegales o de competencia desleal están las inspecciones de Trabajo y de Sanidad», apuntan los fruteros locales, muchos de los cuales están apostando por copiar los formatos que tanto éxito están dando a los foráneos. 

Atta | Frutería Burgos Fresh 

«Aprendí a comprar fruta en Pakistán»

Atta (i. en la foto posando con Alí) y su hermano, originarios de Pakistán, regentan dos fruterías ubicadas en Francisco Grandmontagne, que abrió el 28 de abril de 2023, y la avenida del Cid. Son establecimientos de mucho éxito de público, que Atta atribuye a la calidad y su conocimiento de la fruta que compran y traen todos los días desde Mercaolid, en Valladolid. En Gamonal trabajan 8 personas y en la avenida del Cid 4. Lo hacen por turnos, siendo el más concurrido el anterior a la comida hasta las 4 de la tarde. «Por la noche nos quedamos solo con un compañero...». Atta conoce el mundo de la fruta desde hace más de diez años, en su país de origen. Allí existe una cultura muy arraigada del comercio de proximidad y saben por experiencia que el cliente es lo primero, «y mucho más en el caso de la fruta, que es un producto perecedero muy delicado y que si no tiene buena presencia y frescura, se queda sin vender».

Bardar | Fruta Royal
«Llevamos año y medio en Gamonal y estamos muy contentos»

Bardar es un joven marroquí procedente de Madrid y que regenta una de las fruterías de la calle Francisco Grandmontagne. En la misma trabajan 3 personas en una jornada de 12 horas, a las que hay que añadir los viajes de abastecimiento a Mercaolid. «Estamos muy contentos porque la gente responde y repite, lo que indica que tenemos un producto que les gusta».