Las diferencias entre los dos principales socios de Gobierno son más que evidentes. Las fricciones entre PSOE y Sumar se han evidenciado a lo largo de estos casi dos pedregosos años de legislatura, aunque ahora lo ha hecho con más estridencia. Y todo, a cuenta de la tributación del salario mínimo interprofesional en el impuesto sobre la renta de las personas físicas. Un apartado, por cierto, en el que al Ejecutivo le ha salido el tiro por la culata, ya que los titulares, en lugar de llenarse de parabienes hacia Pedro Sánchez como adalid del incremento del SMI en más de un 60% desde que llegó al poder, se han llenado de las tensiones entre las dos facciones del Gobierno y de la conveniencia o no de que el Estado se quede con la mitad de la mencionada subida. El choque quedó evidenciado en una tensa rueda de prensa tras la reunión del Consejo de Ministros. Una situación inaudita. Nunca antes se había visto una imagen similar en ese escenario, y es que la portavoz del Gobierno, Pilar Alegría, del PSOE, desautorizó a toda una vicepresidenta, Yolanda Díaz, de Sumar. Por momentos, el sainete recordó a tiempos pretéritos y con otros protagonistas en la ecuación de la alianza. Véase Podemos y Pablo Iglesias, sin ir más lejos.
La aragonesa fue extremadamente silenciosa, casi imperceptible para el oído humano de no haber sido por un micrófono pertinentemente situado. «Eso no es así», murmuró entre dientes después de que Díaz, responsable a su vez de la cartera de Trabajo y Economía Social, dijera que se había enterado por la prensa de que Hacienda, en manos de la también vicepresidenta María Jesús Montero, obligará a los trabajadores que cobren el SMI a tributar por primera vez por IRPF. «No hubo ni deliberación ni comunicación con ninguna de las partes que componemos el espacio de Sumar en el Gobierno», espetó.
Con semejantes ingredientes, es lógico que ayer la sesión de control al Gobierno en el Congreso estuviera marcada por este asunto. Un muy atinado líder de la oposición, Núñez Feijóo, disparó a la línea de flotación de ese gigante con pies de barro –y con un imperdonable pecado original en su conformación– en el que ha devenido el Gobierno de Sánchez. Hacer tributar el aumento de 50 euros mensuales «ni es progresista ni es justicia social», afirmó el máximo responsable del PP; además de señalar el «paripé» entre los ministros de PSOE y Sumar.
Al Gobierno se le abre un nuevo frente. A los ya incómodos socios que necesita entre separatistas y nacionalistas, se unen ahora los que otrora fueron fieles (en cierta medida). Hay un movimiento de placas tectónicas. En el Ejecutivo las cosas no funcionan como deberían. Iglesias amenaza con volver a la primera línea y desplazar a Sumar, que cotiza a la baja, está herida y se siente débil. De ahí el nerviosismo y las salidas de tono cuando no tocan. Esta tragicomedia ofrecerá más capítulos. Seguro