La burocracia es ese elefante en la habitación que ralentiza expedientes, trámites, leyes, consultas, solicitudes, cobros y pagos, atención al ciudadano... una estructuración de los procedimientos que en muchos aspectos pide a gritos una mayor agilidad para sacar adelante tanto las cuestiones menores como aquellos asuntos de gran trascendencia para el conjunto de la sociedad.
No es fácil poner aceite en un sistema garantista, pero anquilosado. A buen seguro, los técnicos y los jurídicos se cargarán de razones para mantener las cosas tal cual están, pero es evidente la necesidad de contar con una mayor celeridad en la resolución de los procesos abiertos.
En estos tiempos todo está a un clic (o dos), pero cuando se cruza la burocracia solo queda sentarse y esperar a que la rueda avance de forma lenta y torpe. Eso, si no se atasca la maquinaria en mitad de la tramitación del expediente. Ejemplos de esta circunstancia incómoda los hay a diario y por docenas, pero cuando se trata de una cuestión de seguridad se deben poner en marcha todas herramientas necesarias para dar con una solución.
Así se evitarían situaciones como las que afectan, sobre todo, a la AP-1. La carretera que conecta con Vitoria se ha convertido en un cementerio de chatarra por la presencia de numerosos vehículos abandonados en el arcén. La jefatura provincial de Tráfico, el titular de la vía, la Guardia Civil o las administraciones locales no pueden intervenir al ser propiedad privada. Solo se pueden retirar del tronco de la vía a la espera de que un eterno proceso administrativo permita su traslado a un desguace.
Un papeleo tedioso que exige agilidad. Para ello es necesario tramitar una nueva normativa que no se espera a corto plazo. Las cosas llevan su tiempo y más en asuntos relacionados con la legislación, pero quizá sea el momento de buscar fórmulas que permitan llegar a la línea de meta sin dar tantos rodeos.