En Cuatro Ríos Pasiegos aún no se ha insinuado la primavera, aunque haya unos pocos arbolillos despistados que lo contradigan con sus ramas insolentes. Hay niebla, llovizna, hace frío y el viento arrecia feroz, inclemente. Las vacas pastan en las branizas como si nada fuera con ellas. El Trueba, alegre y saltarín, muestra su lecho de rocas grandes como huevos de animales antediluvianos; es un río recién nacido, y así parecen que son estos valles burgaleses: cual si acabaran de ser creados por un dios caprichoso y hedonista. No queda mucho tiempo para la Muda, secular trashumancia que, en torno al mes de abril, emprenden los ganaderos de este recóndito rincón del mundo, que buscarán los pastos más altos ahora que se va retirando el invierno, estación que parece eterna en estos valles. La trágica muerte la pasada semana de cuatro jóvenes en la vertiente cántabra de Lunada, uno de los portillos que Burgos comparte con la región montañesa, parece haber sumido a esta comarca en una tristeza gris.
El accidente -el vehículo en el que viajaban los malogrados chavales se despeñó por una abrupta y empinada pendiente de más de 300 metros- se produjo por un cúmulo de fatales circunstancias: mala visibilidad por la niebla, una ventisca de nieve, placas de hielo y una ausencia total de protecciones en una carretera de montaña asaz estrecha, algo que puede considerarse incomprensible, toda vez que un quitamiedos hubiera podido evitar el terrible siniestro. Los habitantes de los valles pasiegos que comparten Burgos y Cantabria saben de la peligrosidad de estos puertos, pero también que tanto el de Lunada, como el de La Sía y el de Estacas de Trueba, lo son menos del lado burgalés precisamente porque sí existen, especialmente en los puntos más peligrosos, en los tramos con curvas que se asoman al vacío, guardarraíles y pretiles, y eso que esta vertiente presenta vaguadas menos escarpadas que la cántabra.
Hay incluso tramos de guardarraíl especiales para quienes se mueven por estas estrechas vías en motocicleta
En la cima del portillo de Lunada hay un cartel que advierte de que en el tramo cántabro no hay guardarraíles. - Foto: Valdivielso
En la cima del puerto de Lunada, donde la ventisca se exhibe con saña, existe un cartel revelador que advierte a quienes quieran descender hacia el lado cántabro: 'Carretera sin sistemas laterales de contención', reza una de las leyendas de la señal, enclavada en tonos chillones en la cima. Tanto si se sube como si se baja, en la cara burgalesa del portillo de Lunada no da en ningún momento sensación de riesgo. Aunque la vía es sinuosa, con algunas curvas muy pronunciadas, cuenta con quitamiedos (algunos, incluso, de los que son una guadaña para los motoristas en caso de accidente) en los puntos más sensibles, cuando no pretiles, muretes que aunque de piedra y con menos altura, ofrecen la sensación de seguridad y ejercerían de parapeto en caso de un posible impacto o salida de vía. Además, los nueve kilómetros de carretera desde que se toma el desvío cuentan con varios apartaderos.
Castro Valnera y la antigua estación de esquí son puntos frecuentados especialmente los fines de semana, por lo que Lunada registra tráfico pese a ser una carretera de montaña, estrecha y serpenteante. Pero el lado burgalés cuenta con los suficientes sistemas laterales de contención, según ha podido comprobar este periódico, como para que pueda producirse una catástrofe de las características de la registrada hace una semana en la parte norte del portillo, amén de que ninguno de los tramos cuenta con un desnivel tan pronunciado. Si acaso es mejorable el firme, parcheado en algunos kilómetros. Pero con la prudencia debida, se puede circular con seguridad pese su estrechez y a la vez disfrutar del paisaje, de las cabañas pasiegas, que exhiben su singular arquitectura perfectamente mimetizada con el paisaje, que siempre resulta imponente.
En el caso de la vía que asciende al portillo de La Sía, otra de las alternativas para cruzar al lado cántabro, son siete kilómetros también zigzagueantes, con curvas más cerradas y desniveles más pronunciados que los de Lunada. Pero también en esta carretera la sensación de seguridad existe: hay asimismo tramos con quitamiedos y pretiles. Se da la circunstancia de que, en uno de los puntos en los que la ladera a un lado de la carretera tiene una importante y acentuada pendiente -casi vertiginosa- hay una estructura de seguridad recientemente reforzada, como revela el hormigón al que están anclada. Es la carretera que asciende al portillo de La Sía más abrupta que la que lo hace al de Lunada, pero ni por asomo se asemeja a la ruta cántabra de esta vía, también mucho más escarpada y temible. Con todo, es uno de los tramos considerados por la DGT como más peligrosos para los motoristas, como así lo advierten varios carteles cuando se inicia el ascenso a la cima del portillo.
Quitamiedos en la subida a Lunada, donde hay una curva pronunciada. - Foto: ValdivielsoEstacas, recomendado. Como recogió este periódico hace unos días, es la ruta por Estacas de Trueba la que se recomienda tomar para cruzar a Cantabria desde los valles pasiegos burgaleses. El ascenso es menos abrupto y, pese a ello, cuenta la vía con quitamiedos y pretiles. Con todo, las condiciones climatológicas condicionan la circulación. Esta pasada semana, con nieve, niebla y ventisca en los tres portillos, circular por cualquiera de las tres vías obligaba a hacerlo con más precaución si cabe.
La vertiente burgalesa de estos valles no tiene parajes tan escarpados como la cántabra. - Foto: ValdivielsoAunque el lado burgalés presenta sistemas de contención, todo es mejorable, como ya se han aprestado a señalar algunos responsables políticos de estos valles, cuya espectacularidad y belleza están reñidas con la peligrosidad, mucho más cuando las condiciones climatológicas son desfavorables. Con todo, incluso en estaciones como el verano se recomienda circular con precaución: no dejan de ser carreteras de montaña, estrechas y ondulantes. Y la fatalidad acecha. Siempre.