Joaquín Gomá

Aguas Abajo

Joaquín Gomá


Lo público

19/02/2025

A veces, por el camino, perdemos el sentido de la orientación e incluso, si nos despistamos, olvidamos adonde queríamos llegar. Las distracciones es lo que tienen, que uno se pierde. Algo así parece que está pasando con nuestros representantes políticos, que no recuerdan el motivo por el que los votantes confiaron en sus respectivos partidos y en qué consiste su trabajo, que es lograr acuerdos para servir al interés general, al bien común y dedicar los recursos a la gestión y mejora de lo público.

Pero con sus cosas se distraen y se pasan el día enzarzados en defensa de sus intereses de partido, generando eso que llaman fango, que se traduce en degradación de las instituciones y de los servicios públicos. Es comprensible que una vez que ocupan puestos de poder, prestigio, bien remunerados, los quieran multiplicar para sí y los suyos y mantener a cualquier precio. No lo es tanto que ese precio lo tengamos que pagar entre todos sin recibir a cambio aquello por lo que pagamos: unas administraciones que nos atiendan eficazmente y unos servicios públicos que respondan satisfactoriamente a las necesidades de la población. 

Hace cinco años, el coronavirus nos obligó a un enorme sacrificio colectivo que, según la doctrina del momento, nos iba a reforzar como sociedad. Los servicios públicos en general, y la sanidad en particular, saldrían reforzados. En realidad, los encierros y las penalidades se han olvidado pronto y los servicios públicos funcionan igual o peor que antes. En un país en el que crece la población y suben los ingresos, bajan los servicios públicos. Se masca en el ambiente cierto desgaste de la confianza en las élites políticas por culpa del fango que generan y las pocas ideas, soluciones y dinero que aportan a los problemas reales de vivienda, transporte, sanidad, educación, seguridad, justicia y un largo etcétera de políticas públicas, incluidas las de defensa.

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