El pasado viernes 14 de marzo la UE dio un paso adelante en la regulación de las plantas obtenidas mediante nuevas técnicas genómicas (plantas NGT). Es una excelente noticia para el sector agrícola europeo y un motivo de alegría para los investigadores que trabajamos en la aplicación de la biotecnología en agricultura. No se trata, todavía, de una aprobación, sino del aval de los 27 estados miembros a la propuesta del Consejo Europeo para que esta pueda ser debatida y aprobada en el Parlamento Europeo. Para entender su significado es necesario comprender la legislación actual sobre el uso agrícola de organismos modificados genéticamente (OMGs o transgénicos) y la diferencia de estos con las plantas NGT.
La aprobación de la Directiva Europea 2001/18 hace 24 años supuso el bloqueo de facto al cultivo de plantas transgénicas en la UE, con la única excepción del maíz Bt. Esta decisión colocó a la agricultura europea en el furgón de cola mundial de la biotecnología agrícola. Y no sólo a los cultivos sino también a la mayor parte de la investigación conducente a la aplicación de nuevas herramientas biotecnológicas para el desarrollo de cultivos mejorados. La restricción afecta a los OMGs, definidos como aquellos organismos en los cuales se ha introducido material genético de otra especie. Por ejemplo, el maíz Bt porta un gen bacteriano que determina la producción en la planta de una toxina letal para el gusano del taladro del maíz.
La diferencia fundamental entre OMGs y NGTs es que estos últimos no tienen material genético foráneo y por lo tanto no hay combinación de ADN de distintas especies. En estos organismos se modifica la expresión de genes propios de la planta que son determinantes para la expresión de caracteres de relevancia agrícola, lo cual se consigue mediante cambios en su secuencia de ADN. A tal fin, una de las técnicas más útiles es la edición genética, cuyas bases fundamentales fueron descubiertas por el microbiólogo español Francis Mojica.
Confiemos en que este avance suponga un cambio en la legislación europea que permita a nuestra agricultura engancharse a la nueva biotecnología agrícola y desembarazarse de prejuicios injustificados. Las plantas cultivadas son, desde el Neolítico, el producto de la habilidad humana para domesticar y modificar especies silvestres con el fin de producir alimentos. Cambian los métodos, pero no los objetivos.