Roberto Peral

Habas Contadas

Roberto Peral


Para bellum

31/03/2025

Sería un escritor atormentado por el absurdo de la existencia moderna y todo lo que ustedes quieran, pero el caso es que Franz Kafka no se perdía una sola clase de natación. «Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde fui a nadar», escribió en su diario el 2 de agosto de 1914, una frase que ha sido sometida a innúmeras interpretaciones desde entonces pero que, en líneas generales, pone en evidencia que el checo no concedía excesiva importancia a unas hostilidades que acabaron derivando en un horror monstruoso que costó la vida a millones de personas. Tampoco a nosotros, los jaraneros españoles, se nos ve preocupados en demasía por los crecientes tambores de guerra que suenan en Rusia y Estados Unidos, y la verdad es que nos tomamos más bien a chacota los planes de emergencia civil y el dichoso kit de supervivencia con que los mandamases de la Unión Europea recomiendan que nos pertrechemos: las redes sociales se han inundado estos días de chuscos bromazos en los que el material de primeros auxilios, las pastillas de yodo y la batería de repuesto para el móvil son graciosamente sustituidos por castizas cintas de lomo ibérico, una bota de vino que es un primor, dos docenas de torrijas, una caja de puros habanos y un tanga de color encarnado.

Por frívolo que pueda juzgarse desde fuera (singularmente desde esos países que, por su vecindad con los rusos, sienten sobre sí una bien real sensación de amenaza, como Finlandia o Suecia), ese recurso español al humor da cuenta de lo impensable que nos sigue pareciendo una guerra por estos mediterráneos lares, por muchas que hayamos librado a lo largo de nuestra historia; tanto, que somos uno de los países más reacios al plan de rearme europeo anunciado por Bruselas, y que nuestro ministro de Defensa se empeña en mentirnos una y otra vez - «Nadie se está preparando para una guerra»- aunque para ello tenga que contradecir a la mismísima presidenta de la Comisión Europea. Mientras remato estas líneas y medito sobre las oscuras perspectivas que se ciernen sobre el viejo continente, mi hija Aurora se asoma para opinar que la pizza de cuatro quesos debería figurar en la relación de suministros esenciales de subsistencia para cuando vengan mal dadas, y luego se marcha a la piscina.