La Navidad rural ya no es lo que era. El envejecimiento y el descenso de la población traen consigo consecuencias en todos los ámbitos y las fiestas también entran dentro de esta criba. Cada vez quedan menos abuelos viviendo en los pueblos y eso se traduce en menos nietos que viajan a ellos para celebrar.
Menos mal que algunos municipios se empeñan en luchar para que esta época siga siendo un momento de alegría. Muchas asociaciones se preocupan por incrementar las actividades durante estos días y muchos ayuntamientos ponen en marcha concursos de decoración de fachadas para transmitir el espíritu navideño a sus habitantes. Fiestas de Nochevieja, cabalgatas, Belenes vivientes..., no será porque no le ponemos ganas al asunto.
Sin embargo, un halo de tristeza sigue presente en el ambiente. Muchos vienen, sí, pero sólo el fin de semana, porque ya no les queda aquí nadie con quién celebrar los 'días gordos'. Otros han decidido volver, para festejar como hacían cuando sus abuelos aún vivían, pero ya no es lo mismo, porque van a una casa vacía. Dicen que la Navidad es un momento para celebrar, para vivir la felicidad, pero también entraña recuerdos que muchas veces muestran el lado más nostálgico de la vida.
En estos días de reunión, de encuentro y de familia, los pueblos vuelven a convertirse en protagonistas de ese éxodo que los deja más vacíos, y, sin embargo, no hay mejor lugar para pasar las fiestas cuando no tienes a nadie, porque en el mundo rural, nunca vas a estar solo. Hoy brindo con vosotros, por todos esos vecinos que se van a acompañar esta noche y que van a celebrar juntos las pascuas, por las luces, los belenes, las estrellas en las ventanas y el calor de la chimenea.