Carlos Alonso de Linaje

Crecimiento económico

Carlos Alonso de Linaje


Universidades

02/04/2025

En mi niñez, era habitual que te riñesen por no parar quieto, en mí, al menos, era una constante en mi día a día. A nuestros políticos, alguien les debiera 'reñir' por no saber estar callados o ser prudentes en sus eufóricas manifestaciones mitineras. Esta misma semana hemos podido comprobar que todo vale para socavar la confianza en las instituciones, incluso referida a la separación de poderes y a derechos fundamentales, como es la presunción de inocencia recogida en nuestra Constitución. Nuestros políticos se permiten poner en duda la imparcialidad de las decisiones judiciales siempre que no coincidan con sus intereses en un momento determinado, porque, como dijo Groucho Marx «Estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros». Cuestión que dista mucho de la libertad de expresión, donde cualquier ciudadano puede no estar de acuerdo con las resoluciones judiciales sin necesidad de poner en duda nuestro sistema de garantías.

Otra polémica suscitada sin motivo aparente, más allá de poder poner en duda la iniciativa privada, es la falta de legitimidad de las universidades privadas. Es más, se decía de forma clara y abierta que se trataba de un negocio de obtención de títulos a cambio de dinero. Es evidente que existe una mala intención en tales afirmaciones, puesto que de ser cierto estaríamos reconociendo que la formación es irrelevante y que cualquiera podría acceder a un puesto de trabajo cualificado y mejor remunerado por disponer de un 'cartoncillo', aunque no supiera hacer nada. Por otro lado, la realidad demuestra que la iniciativa privada y la pública son complementarias y en la mayoría de las ocasiones van dirigidas a públicos distintos. 

En cualquier caso, afirmar que las universidades públicas están en riesgo es cuando menos una hipérbole, puesto que aquellos que deciden optar por la opción privada pagan con sus impuestos las plazas de las públicas, asegurando su supervivencia; no así las privadas, que en el momento que las cuentas no cuadren deberán cerrar sus puertas. Yo he tenido la suerte de poder estudiar en universidades públicas y privadas con un grado de satisfacción, en ambos casos, excelente.