Roberto Peral

Habas Contadas

Roberto Peral


Equis

03/02/2025

Como la mujer quería darnos una sorpresa, nos esforzamos en componer nuestra cara de asombro más convincente mientras la alcaldesa nos contaba el jueves por la tarde a los congregados en el Fórum, en supuesta primicia, lo que todo el mundo ya había leído por la mañana en este periódico: que el Ayuntamiento sigue empeñado en abrir un túnel en la calle de Santander para hacer peatonales poco más de 300 metros de calzada.

Aunque como campaña de intriga terminase siendo una birria, el espectáculo que se nos brindó resultó ciertamente ameno. Para empezar, Cristina Ayala se descolgó con un monólogo en el que, en el colmo de la autocomplacencia, llegó a atribuir a la obra que se pretende realizar una potencia transformadora del espacio urbano equiparable a la que ejercieron en su día el Museo de la Evolución Humana y el bulevar del ferrocarril. A continuación, y para persuadirnos de la necesidad de construir el túnel de marras, la representante de una consultora especializada en movilidad nos puso en autos de que por esa calle pasa mucha gente en hora punta. Y, para terminar, la alcaldesa y el vicealcalde entablaron un diálogo bien chisposo que a uno le hizo evocar una vieja sátira política de Les Luthiers («¿Qué tienen de faraónico estas tres magníficas pirámides?») y gracias al cual nos enteramos de que el dinero no ha sido nunca un problema para el Ayuntamiento, así que no pasa nada por gastarnos 20 milloncetes en este tipo de expansiones (y no en otras, claro).

El caso es que, para cuando la gala se encaminaba a su término, el patio de butacas ya aplaudía a rabiar, así que uno se guardó para sí algunas dudas que lo invaden; entre otras, si las dimensiones del proyecto y los sacrificios que impondrá son proporcionales a los problemas que llegará a resolver, si realmente responde a una planificación integral que hará de la nuestra una ciudad más habitable o constituye más bien una de esas rimbombantes ocurrencias con que algunos políticos pretenden construirse un legado perdurable, y por qué hay quien da en relacionar las obras más aparatosas con los atributos de una inteligencia esclarecida sin mayores reflexiones. En definitiva, no termina uno de saber muy bien a quiénes acabará beneficiando todo este trajín; que cada cual ponga la equis donde estime más oportuno.