Acabamos de pasar la Navidad y de iniciar el año y todo son buenos propósitos. Hemos acompañado las fiestas navideñas con el ya tradicional buenismo consumista y las mejores intenciones que, en este 2025, pretendemos seguir llevando a cabo. Lo de siempre. Pero no, no es lo de siempre; este año debemos ser buenos y hacernos el firme propósito de mejorar como personas, de ser empáticos y solidarios, de ayudar a los demás en la medida en que nuestras posibilidades lo permitan.
Por eso hay que agradecer la buena voluntad de las personas que el día 11 de enero agotaron las entradas del Auditorio de Caja de Burgos en Aranda para colaborar en la reconstrucción de un Levante devastado por la dana del día 29 de octubre de 2024, fecha negra para todo el país. Y también hay que agradecer a todos los grupos de teatro aficionado de La Ribera que se ofrecieran amable e incondicionalmente a emplear su tiempo y sus energías en esta labor. Y a Isabel Santos, Luis del Cura, Álvaro Sola… Sin cobrar ni un duro, incluso poniendo de lo suyo.
Y a Cruz Roja, que siempre está ahí cuando la necesitas y que canalizó todo el esfuerzo logístico y económico. Incluso con esa cuenta de la fila 0, que todavía sigue operativa: ES 28 2100 0600 8502 0196 0066. Aún es pronto para calcular lo recaudado, pero todos los pocos son ya mucho.
Y, en medio de tanta buena voluntad, el tropiezo de siempre: la carencia de un auditorio municipal de gran aforo que permita realizar estas actividades sin tener que pasar por caja, por Cajaburgos quiero decir; que una cosa es que al teatro aficionado le apliquen "tarifa reducida" pudiendo cobrar un mínimo para amortizar gastos, y otra cosa es inhibirse de una causa justa, solidaria, colectiva, y seguir cobrando tasa, como si los grupos de teatro implicados fuesen a beneficiarse de esa función.
Señores de la Fundación de Cajaburgos, que viven de ella, espero que los Reyes Magos, aun con retraso, les traigan un poco de corazón.