Que no se asuste mi amigo Goyo padre, habitual de estas páginas y uno de mis mejores críticos, que no es la columna una oda a Simeone. Podría, pero no es el caso. La cuestión es que en la moda de subirse al carro del Cholo, el presidente del gobierno ha comprado boleto de primera clase.
Por obligación y no convicción, porque en el Manual de Resistencia las tácticas son más de Lotina, pero hacer de la necesidad virtud seguramente sea la mayor de las bondades de las que, a su juicio, goza el presidente.
Sabe que el decreto minibús caducaba en horas en la agenda pública, aunque el PP le haya echado otro flotador anunciando que votará a favor. Porque fue Génova quien habló trescientas veces más del palacete de París del PNV que de las pensiones, que cuestan trescientas veces al año más que la choza. El relato está servido. ¿Ya no importa el palacete?
Dicen en Ferraz. Feijóo regala un casoplón en la Avenue Marceau a Euskadi, dice Abascal. Y en mientras, sin saber muy bien cómo meter mano a Sánchez o lidiar con Vox.
Pedro sabe que el minibús caduca porque al día siguiente el fiscal General va al Supremo, Y luego vendrá algo de Aldama, Begoña y compañía. Y habrá que hablar de presupuestos, porque habrá que hablar, ¿no? Calma, partido a partido.
En España se gobierna hace tiempo a semana vista y dependiendo del prófugo en el país del gofre. Con la agenda marcada por la justicia y un Congreso que cada vez importa menos.
Con Simeone en la cabeza y despejando balones colgado del larguero, Sánchez aguanta y aguantará contra todo y contra todos, con la esperanza de un superdomingo electoral en el 27 y el sueño en voz baja de estar más tiempo que González en Moncloa. Seis años quedan. Pillaría el Mundial de España en 2030. Con los desplantes al Rey, si siguen, es capaz de entregar él la copa en el Bernabéu a Lamine Yamal y presumir de que sigue ahí abonado al cholismo mientras Goyo padre, que pronto será Goyo abuelo, ve con su nieto la escena y se pregunta cómo demonios hemos llegado aquí. Pues igual que el banderillero de Belmonte a gobernador civil de Huelva, querido, degenerando. Piensa que, al menos, seremos otra vez campeones del mundo.