Que Jane Fonda es una jefaza es materia de conocimiento general, supongo. Los que tenemos ya cierta edad nos hacemos más o menos idea de la importancia de su carrera cinematográfica, de su compromiso social, político y medio ambiental o del ojo que tuvo al ser la primera en comercializar vídeos con sus clases de aeróbic. Quienes no la conocían pueden rescatar de las redes sociales su discurso en la ceremonia de entrega de los premios del sindicato de actores americano, que distinguió hace unos días el conjunto de su carrera con un galardón especial. Seis minutos en los que demuestra no solo que la cabeza le va estupendamente a sus 87 años, sino que es perfectamente consciente de cómo se usa un atril para tomar partido por lo justo.
Quien crea que solo hay discursos políticos y reivindicativos en los Goya no han visto demasiadas galas y sobre todo, no han escuchado a Fonda. Advirtió a sus colegas de que es el momento de ser valientes, les animó a formar comunidad y a ayudar a los vulnerables. Y como seis minutos son mucho para la necesidad de síntesis que tenemos todos, lo que más trascendió fue su respuesta a quienes usan el término woke para ofender: solo significa que te importan algo las otras personas. Lo que viene siendo aprovechar al máximo unos minutos de televisión, vaya.
Justo al contrario de lo que hizo el miércoles en la tele regional la ya ex directora general de Salud Pública de la Junta. Ella solita, reconociendo de antemano que los televidentes se iban a revolver en sus sofás, se metió en un enorme jardín al asegurar que la covid no fue pandemia de gran gravedad. Lo más seguro es que no se explicara bien, pero sus palabras denotaron una falta de sensibilidad tal ante un trauma tan reciente que hasta el presidente de la Junta ha pedido perdón. La ciencia y el esfuerzo de los profesionales sanitarios evitaron que mi hija se quedara sin padre durante la pandemia. Pero la única abuela que me quedaba murió a consecuencia del puto virus, como varios amigos y conocidos a los que aún les quedaban años por vivir. Acepto las disculpas, pero apuesten de verdad por la sanidad pública, que es la que nos puede salvar.