La investidura de Donald Trump en el Capitolio como nuevo presidente de los Estados Unidos ha sido un espectáculo extraordinario. Investidura con pompa y circunstancia. Aplausos, música, maravilla, satisfacción. Pero lo mejor fue su discurso, digno de ver en directo. Sin papeles, sin leer, de corazón. Un torrente de luz y populismo. He aquí lo más deslumbrante: «Para América nada es imposible. Todo es posible. La prueba es que estoy aquí y hoy empieza la edad de oro de los EEUU de América».
Para un viejo país como el nuestro todo esto suena muy fuerte. Porque España ha hecho muchas cosas imposibles en América, como reconoce el creciente número de hispanistas americanos, desde Charles Lummis hasta hoy. Fueron hazañas que no se anunciaban, por si acaso no salían bien, empezando por el propio Descubrimiento, siguiendo con la incorporación del Oeste americano, desde el Misisipi hasta California, desde el Golfo de México hasta Montana y Oregón. Con las Leyes de Burgos que establecían la defensa de los indios, de pueblos que allí había y que allí siguieron. Por eso suena muy fuerte lo que anuncia. A ver. Como dicen en Cuba, «que le vaya bonito».
En cuanto al fondo, el discurso se centró en la situación del país y en la urgente necesidad de atajar los problemas internos: la carestía de vida, la inseguridad, la injusticia, la inflación, el terrorismo, la delincuencia, el derroche del gasto público, de fuera y dentro, así como la calidad de la educación. O sea que le dejó a Biden en las patas de los caballos. Y por lo que toca a la escena internacional fue corto pero atrevido. Apuntó a China, Israel, Panamá y México. También habló de las guerras y que luchará por la paz y la justicia. Un panorama que también habrá que ver.
Por lo que respecta a España no dijo nada, pero hay nubarrones por los aranceles que gravarán las importaciones provenientes de los países de la Unión Europea. Se trata, según ha dicho, de crear un fondo de ayuda financiera para la economía de EEUU y hacerse respetar en el mundo entero.
En resumen, un discurso para presentar un proyecto de gobierno basado en un populismo que gira a la derecha.