Juan Carlos Pérez Manrique

Estos días azules...

Juan Carlos Pérez Manrique


Día de la Poesía

19/03/2025

Escuchas hablar de guerras y que Europa está en peligro. Que un nuevo orden de aranceles hará peligrar dividendos y algunos insisten en que las fronteras son para las personas, no para los productos o, al menos, no para nuestros productos. Te dirán que no son tiempos para la lírica, pero al celebrarse el Día Mundial de la Poesía yo tengo la convicción de que cada jornada es necesaria la poesía. Cuando la Biblioteca Pública estuvo durante unos años en el edificio que hoy es residencia para mayores y antes fue colegio teresiano, en la calle Valladolid, en la sala de libros, la poesía estaba al final del recinto, junto a una puerta de emergencia. Si hacías fotografía captando esa estantería de poemarios con su cartel y la puerta con el suyo, veías con sorpresa lo que el azar había dispuesto: como se sucedían muy próximos los dos avisos, lo que en la foto se leía era Poesía Salida de Emergencia. Advertencia certera siempre, lo es más si al mundo le toca ser trasteado por tipos arrogantes, jaleados por muchos según parece, sin ninguna sensibilidad y que parecen llegados a esta vida provistos de pulsera para consumo libre en una permanente despedida de soltero con libertadcarajo para discutirte hasta el derecho a la belleza. El sucesor del príncipe de Lampedusa decía que «sonará un poco clasista, pero solo hay que verles andar».

Muchos versos han servido de puerta de emergencia, de llave para cambiar cosas. Entretenido ahora en una biografía de Billie Holiday, la artista de Jazz, de quien decían que nadie cantaba como ella la palabra hambre y que tuvo por tema bandera Strang Fruit, señalo ahora ese caso. Fruta extraña es el poema que un profesor judío, Abel Meeropol, escribió en 1935, obsesionado tras ver la fotografía de un hombre negro ahorcado colgado de la rama de un árbol. Algún año después, un productor le propuso a Billie Holiday cantar el poema en el neoyorquino Café Society frecuentado por intelectuales, escritores, blancos y negros, amantes del jazz, artistas como Chaplin o Lauren Bacall... Cuando desde el desgarro del jazz Billie se decidió a interpretarlo, aquellas estrofas de revolución que eran balas de tinta, se convirtieron en un himno antirracista, en una denuncia del fruto extraño que eran los hombres ahorcados colgando de las ramas de los árboles del Sur, en un impulso para cuantos defendían los Derechos Humanos. Tres minutos de poema y canción, ayudaron a mejorar la historia, aunque el racismo perviva.