Hoy me voy a venir arriba. Muy arriba. A contracorriente. Yo, ya ven, loco por incordiar, como Rosendo el de Montorio. Y me voy a meter en un charco. Me colocaré en un extremo, y espero que ustedes no sean tan radicales. Voy a decir en voz alta algo que la mayoría de ustedes se han callado en más de una ocasión por respeto, por agradecimiento del gesto, por afecto, por educación o por convencionalismo social: «¡Vaya '------' de regalo que me has hecho!» (son signos negativos; por ello, elijan ustedes la palabra que primero les venga a la mente).
En esta tan consumista sociedad nuestra, sin esfuerzo nos convencen de que tenemos que regalar por todo, hasta por San Queremos y San Nosdalagana: el Día del Padre, de la Madre...; el aniversario de la boda, del primer beso, de la llegada de la mascota a casa y del hombre a la Luna...; el cumpleaños, Papá Noel, Reyes Magos, San Valentín... Por ello, y año tras año, ciertamente resulta muy difícil acertar con tanto presente. Yo creo que habría que hacer solo uno por persona y año, y que cada uno elija la fecha a conmemorar. Queda prohibido usar los comodines de la colonia, la camisa, el pañuelo, la corbata, el bolso... ¡Incluso el fin de semana romántico!
No me digan que algunos de ustedes no han pensado alguna vez «¡pero por qué me regala una camisa de cuadros, si no he usado una así en mis 60 años y siempre me compro yo la ropa!». Cambien camisa por la prenda que deseen, incluidos calcetines de rombos.
Y algunas, que siempre han renegado en voz alta de prendas con la marca muy visible, seguro que se han preguntado «¿pero este hombre, es tonto, ciego o sordo? Va y me regala un bolso de estas dos señoras egocéntricas! Pues yo no hago publicidad gratis de nada ni de nadie. No tengo el gusto de conocerlas. Bueno, Lola se llama la perrita de mi vecina!».
Caso real. Un amigo rechazó un viaje de regalo a Egipto. Su razonamiento: «Tengo 70 años, posición económica muy solvente ahora y toda mi vida. Estoy bien de salud y me gusta viajar. Y he viajado mucho por trabajo y por placer. A medio mundo. Y no he ido nunca al país de las pirámides y de los faraones. ¡¡Pues por algo será!!».
Lo dicho, con un regalo al año, suficiente. El planeta nos lo agradecerá. Eso sí, que sea singular y muy pensado. Y que cada uno se compre lo que le guste y vaya a usar. Que para sorpresas, ya nos dan bastantes el de la Casa Blanca y las cartas de Hacienda.